Cuenta Salva Rubio, escritor de La Guerra de Audrey, que la portada orginal mostraba a la futura actriz danzando sobre las ruinas de una ciudad destruida por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, Loreto Aroca, dibujante de la obra insistió que la cubierta tenía ser algo similar a lo que finalmente nos ha llegado a las tiendas, donde el blanco tiene una mayor presencia, reflejando la esperanza que al parecer la danza provocaba en la joven Audrey y que le permitió sobrevivir a un calvario que muchos de sus compatriotas no tuvieron la suerte de llevar a término.
Sin duda La Guerra de Audrey es una de esas obras que destaca en la balda de la librería. El contraste entre la destrucción y la inocencia, pureza y esperanza, están ahí claramente. Pero la enorme cantidad de blanco hacen que se perciba ya desde lejos. La primera impresión al abrir el libro, es de que nos encontramos ante una obra bonita. El dibujo de Loreto es sencillo pero muy atractivo, y su uso del color sin ser magistral, resulta funcional y ayuda a que el cómic nos entre por los ojos ya antes de leer ninguna viñeta.
Y la historia… de la historia hablaremos más adelante en detalle. Pero es verdad que aún estando bien. En la media, o incluso por encima de ella, ya que se trata de una obra muy bien documentada y que no es facilona o sensacionalista a la hora de retratar las consecuencias de un conflicto tan truculento. Pero a la vez, es una historia que hemos visto o leído ya muchísimas (demasiadas veces). La historia de las consecuencias de la Guerra, no para aquellos que estuvieron batallándola; si no para aquellos que se vieron envueltos en ella sin haber hecho nada para merecerlo, y que sufrieron hambre, frío, penurias, y agresiones tanto por aquellos que los invadían, como los que venían a salvarlos.

Audrey Hepburn, icono del cine…
La clave diferenciadora de la propuesta de La Guerra de Audrey radica en su protagonista. Que no es otra que la mismísima Audrey Hepburn (Desayuno con diamantes, Gigi o My Fair Lady). Siendo como fue, una estrella de cine americano, quizás nos pueda sorprender saber que pasó la guerra en los Países Bajos (de donde era su familia materna). De manera que se nos genera, de forma natural, un buen gancho. El utilizar a una figura pública reconocible, para contarnos la cara oculta de un conflicto todavía más reconocible.
Y aquí radica principalmente el problema. Y no tiene nada que ver con lo bien o mal que está narrada la historia (que lo está de forma más que correcta). El problema, como decíamos, es que el conflicto es tan reconocible, que creo que pocos recovecos oscuros por descubrir nos quedan. La historia que leemos podría haber estada protagonizada por Audrey Hepburn, Estrellita Castro o Anna Frank… y hubiera sido exactamente la misma. No porque el autor (que se ha documentado maravillosamente bien) no haya sido capaz de rascar más. Es porque desgraciadamente fue la misma realidad para muchísimas personas en Europa. Unos estaban jodidos. Otros estaban muy jodidos. No había más.
El tema del ballet también apunta maneras al inicio como elemento diferenciador. Pero también cierro el libro con la sensación de que; si bien, nuevamente, es otro elemento verídico, tampoco fue particularmente relevante, más allá de alguna representación clandestina o para altos cargos nazis. Sin entrar en detalles, durante el grueso del segundo y tercer actos de la obra, el ballet queda (por razones perfectamente entendibles) en un discretísimo segundo plano en el que ya no tendrá relevancia ni peso alguno.

Anna Frank, icono del Holocausto…
Es precisamente la conexión entre ambas, cuando le proponen a Audrey interpretar el papel de la famosísima judía del diario cuando se establece el hilo conductor y la conexión entre ambos personajes reales. Es precisamente la similitud entre ambas vivencias (partiendo de la base de que Anna era judía y jugó la Guerra en modo hardcore, mientras que Audrey era hija de la nobleza neerlandesa y aunque sufrió también, lo tuvo bastante más fácil) la que no me sacudo al leer La Guerra de Audrey.
Es un buen libro, un mejor cómic. No hace nada mal (salvo alguna cosilla muy leve que denotan que la dibujante, de extremado talento, todavía lleva poco recorrido a sus espaldas). Hace muchas cosas bastante bien. Y aún así, en todo momento no hay sorpresa por nada. Estamos ya tan insensibilizados con gente escondida en sótanos mientras caen las bombas, con patatas desenterradas como único sustento y el miedo constante a los soldados alemanes… que por mucho que nos encontremos ante una historia verídica, nos parece simplemente una más del montón.
O a lo mejor me pasa a mi solamente. Desde luego, La Guerra de Audrey es una obra con la que uno se puede arriesgar sin miedo a no disfrutar de una buena lectura. Sin ser redonda, y arrastrando el lastre que lleva a cuestas me sigue pareciendo una propuesta interesante y que seguramente revisitaré en el futuro. Y que consigue despertar la curiosidad por la figura pública de Audrey Hepburn quién tras pasar cinco años de miseria, luego llegó a lo más alto gracias a su carrera como actriz. Y de quién se dice, que debido a ello, era mucho mejor persona que el resto de celebridades de Hollywood…




