Que no, José Luis… Que eres tontísimo. Lo que pasa es que ese título ya lo tenía cogido para otro artículo. Hay un gran problema, dentro del mundo de los juegos de mesa, con aquello que se ha convenido en etiquetar como eurogames. Y lamentablemente nada tiene que ver con su calidad o lo divertidos que resultan ser. A veces me da la sensación (y me puedo equivocar, aunque creo que no mucho) de que se han convertido en un refugio para gente que los utiliza para validarse a si misma frente a los demás en lugar de ser un simple divertimento.
Para quién ande un poco perdido. Los juegos de este estilo se caracterizan por tener un azar prácticamente nulo (o perfectamente «mitigable» que les gusta mucho decir) y buscan sobre todo una enfermiza optimización de acciones (como si aquel jugador dando espadazos con su guerrero por una mazmorra lo que buscara es hacer un mal turno y desperdiciar acciones). Suelen ser juegos (dependiendo de su «dureza») de una complejidad elevada en los que el tema puede estar bien enhebrado o ser completamente accesorio. Aquí lo que importa es la mecánica. Las matemáticas. La hoja de Excel.
Nos hemos acostumbrado, tan aficionados como somos a las etiquetas, a confundir complejo con difícil. De manera que mientras más complejo el juego, más difícil nos parece que es. Y a mejor se nos dan estos juegos tan «difíciles» más inteligentes nos sentimos. Y de nuevo me da la sensación que valoramos más el que un juego nos haga sentir más inteligentes que el resto de la mesa, que cualquier otra sensación que nos puedan producir. Creo que a veces perdemos de vista que el objetivo de jugar a un juego de mesa no es otro que ese: simplemente jugar.

Deleite, Armonía, Amor y EMPATÍA…
No deja de resultarme irónico que un juego como Cerebria centrado en las emociones y el desarrollo de la identidad, sirva como ejemplo tan claro para detectar a aquellos más carentes de ellas. ¿Esa inteligencia de la que hablaba antes? No es raro que se convierta en prepotencia. Y bueno, ya sabemos como la prepotencia nos ciega, nos sitúa en una posición completamente irreal en la que pensamos que lo sabemos todo… y bueno, estoy divagando… espero que se entienda un poco a donde quiero ir. Porque Cerebria es un juego fantástico que muchos ni quieren disfrutar (me parece lícito) ni dejarán disfrutar a los demás, (esto ya me toca las narices) porque en nuestra cabeza hemos visto unos patrones que decenas de personas (de profesionales) parece ser que han pasado por alto.
Independientemente de lo interesante que puedan resultar sus mecánicas o no. Cerebria tiene un gran punto a su favor, que es su tema. Y como el mismo se entrelaza con la forma que tenemos de jugar y de ganar. Y es que salvando las distancias. Podríamos estar ante el juego de Inside Out; la película de Pixar. Nos encontramos, como su nombre insinúa, en el interior de una mente. Y seremos un grupo de sentimientos de bandos enfrentados (la Dicha y el Pesar) que manipulando las diferentes emociones daremos forma a la identidad del individuo mientras las repartimos por los diferentes Reinos de la Mente.
O claro, podemos simplificar todo esto a que se trata de un juego de control de zonas y de mayorías. Y a otra cosa mariposa. Nunca he sido yo de decirle a los demás como tienen que pensar, y no voy a empezar ahora. Pero aquellos que quieran dejarse llevar por lo que Cerebria propone temáticamente, creo que se pueden enfrentar a un reto interesante en lo mecánico y en la experiencia «narrativa». Y estamos en lo más alejado posible de un juego narrativo o de rol. Pero resulta innegable, que cuando decidimos usar la acción de mover una emoción de un lugar a otro del tablero es porque estamos usando la Red del Pensamiento, o si nuestra emoción fuerza que otras compartan su esencia es porque estamos utilizando a Generosidad.

Odio, Malicia, Miseria y ANSIEDAD…
Decía una de las mejores frases de la despreciada Ghostbusters de 2016 que por favor, no sea usted como el alcalde de Tiburón. Quiero aprovechar para pedir que no sean ustedes como José Luis. No asuman que lo saben todo y sobre todo no olviden que delante suya tienen a otros dos o tres seres humanos que han venido a JUGAR con usted. Sientese y disfrute, no tiene que dejar nada labrado en marmol antes de levantarse de la mesa. Y no es precisamente porque Cerebria esté exento de reto; si resulta ser lo que anda buscando.
Como los buenos euros complejos, Cerebria aprieta considerablemente. La cantidad de acciones que podemos hacer por turno está muy bien medida dentro de un abanico de posibilidades que en los primeros compases puede resultar abrumador. Diez acciones repartidas entre nuestro Sentimiento y los diferentes Reinos. Más todas las habilidades que aportan nuestros poderes personales y los de nuestras Emociones. Diferentes formas de transformar todas estas posibilidades en puntos de forma interesante y variada. Eso sí, tiene una entrada algo áspera, y es verdad que a veces puede sentirse artificialmente complejo, pero estoy bastante convencido que se trata de una consecuencia de integrar tema con mecánicas y no de buscar una dureza superior de forma gratuita.
No, no es probable que tu primera partida de Cerebria sea una experiencia optimizada en la que veas el codigo de Matrix y puedas rascar hasta el último punto posible. Probablemente el resto de la mesa está igual que tú. Y no pasa nada. Puedes volver a jugarlo una segunda vez, y aprovechar lo aprendido. Y ya te vas a volver loco si te cuento que puedes jugarlo una tercera vez (y con las mismas personas, José Luis) y mira que te digo que irá todavía más fluida. Entonces es cuando la competición se vuelve real en Cerebria. Y no pasa nada. Unas veces buscamos un divertimento más directo y pensar menos. Y otras lo que queremos es masticar arena. Puestos a llenarnos la boca, que sea con una propuesta tan bonita y tan original como la de Cerebria.




