Han pasado años (diría que unos dos o tres) desde mi primer contacto con la franquicia de Gundam. Y es ahora mismo cuando por fin puedo decir orgulloso que he finalizado la serie original de 1979 que dió lugar a este tremendo kilombo. Me gustaría aclarar que no me he llevado estos tres años para verla, aunque no me sorprendería echar la vista atrás y comprobar que buena parte de 2025 y todo lo que llevamos de 2026 (al momento de escribir estas líneas) es lo que me ha llevado acabar los poco más de 40 episodios que conforman Mobile Suit Gundam. Dejadme intentar condensar en un par de párrafos el viaje que me ha llevado hasta aquí, quizás seamos capaces de sacar en claro alguna reflexión sobre como nos auto imponemos el consumo de ciertas cosas que nos hacen felices.

Mi primer contacto con la franquicia (y no me refiero necesariamente con la saga) llega de la mano de los famosos gunpla que no son otra cosa que una popular serie de model kits (o maquetas de plástico) de los diferentes mechas que pueblan el universo Gundam. En una convención una de las tiendas regalaba uno fácil de montar como parte de su abanico de actividades y allí que me senté en una de sus mesas a montar el robotito de marras. Me lo pasé super bien y descubrí que la actividad me resultaba super terapéutica. Facil, sencillo y para toda la familia. Desde entonces se han montado en esta casa numerosas maquetas ya sea a una o varias manos.

Pero simultaneamente descubrí que no terminaba de sentir ningún tipo de conexión con aquello que había construido. Sí, me producía satisfacción el hecho de unir las piezas y pintar las líneas. Pero al acabar, el muñequito de plástico bien podía acabar en la basura. De hecho aquél primero que monté acabó en las manos de mi hija de (por aquel entonces) 2 años, que se encargó de reciclarlo de forma concienzuda a base de poner a prueba sus límites de torsión. Resumiendo, la experiencia resultaba satisfactoria pero sentía muchísima curiosidad por conocer más sobre aquello que estaba creando con mis propias manos. Algo que el resto de miembros de la comunidad gunpla parecían disfrutar con bastante unanimidad. Pero había un problema bastante significativo: casi 50 años de historia…

Pese a contar con diseños muy de la época. A día de hoy se sienten bastante vigentes. Al menos en lo que al Gundam se refiere…

Brujas, roboces y la agenda 2030…

Mi primer impulso, como suele ser habitual, fue empezar por el principio. Dos fueron las razones que me insinuaron de forma poco sutil que no era buena idea. La primera de ellas era más bien práctica. Había demasiado que digerir. No era viable verse todo Gundam en un periodo relativamente corto de tiempo. Y por otra parte las maquetas que estaba comprando y montando en ese momento eran las de la serie que se estaba emitiendo en ese momento. Así que por primera vez en mi vida decidí limitarme a ver de forma aislada, ignorando todo lo anterior, aquello que durante dos temporadas fue Mobile Suit Gundam: The Witch from Mercury. Y puedo afirmar que fue una de las mejores decisiones que he tomado a la hora de afrontar una franquicia en desarrollo y que me ha servido para estresarme menos a la hora de ponerme delante de muchas otras que me resultaban inabarcables.

Ojo. Es de recibo decir que tuve la suerte de empezar con una serie completamente nueva con su propio universo arrancando desde cero. Alguna que he podido ver posteriormente como Mobile Suit Gundam GQuuuuuX no me han funcionado de la misma manera por estar más ligadas al universo principal de la saga y si no demandar, recomendar un mayor conocimiento de la franquicia. Sea como fuere la brujita de mercurio conectó conmigo a muchos niveles. Al final se trata de una serie de estudiantes universitarios pilotando roboces gigantes. Algo así como Utena con mechas, pero todo en woke. Complicado que no me entrara bien lubricada. Ojalá haber escrito sobre ella en su momento, me hubiera quedado muy a gusto, pero hemos venido a hablar de la serie original y ya me he ventilado más de la mitad del artículo.

El caso es que gracias a The Witch from Mercury empecé a sentir esa conexión con aquello que montaba. Ya no sólo disfrutaba uniendo las piezas del Aerial. Ahora verlo en la estantería significaba algo para mi. Y gracias a ser una serie cerrada, pude entender numerosos conceptos que a estas alturas de la saga se dan un poco por sabidas (el por qué se usan roboces, por qué no todos son Gundam, etc.). Al final resultó que la mejor forma de disfrutar una cosa, era simplemente eso: disfrutarla. Sin tener que andar pendiente a su bagaje historico (algo que también me resulta muy disfrutable, pero que a veces por su complejidad abruma muchísimo).

Gundam parece ser la primera en establecer la premisa de que el protagonista de la serie tiene que ser completamente abofeteable…

Amuro, Char y Lalah…

Desde mi primera incursión en el universo de Gundam he visto la gran mayoría de lo que se ha estrenado. Sí, ha habido cosas que por ser secuelas directas de obras anteriores, he decidido dejarlas pasar hasta ponerme al día. Y, ¿sabéis lo mejor de todo? No me ha pasado nada por no verlas. Claro que las ganas estaban ahí, y ahí siguen. Pero no la prisa, ni la frustración de estar perdiendome algo. Ya ni siquiera me lamento por no montar esas maquetas, tengo demasiadas en la estantería esperando ser abiertas. No deja de resultarme paradojico que siendo una de las franquicias más abrumadoras que hay a día de hoy en el mundo nipón, sea precisamente la que me haya enseñado a consumir sin prisa.

Y finalmente llegó el momento de sentarme ante Mobile Suit Gundam. Y no sabéis como me alegro de no haber empezado por ahí. Porque de haberlo hecho. Probablemente lo hubiera dejado todo de golpe. Incluso las maquetas. Porque estamos hablando de una serie de 1979. Con todo lo que ello implica y no necesariamente bueno. Puedo comprender precisamente lo que la hizo tan importante en su momento. El buscar ese «realismo» dentro de la ciencia ficción. Analizando cada modelo de mecha, o como funciona su armamento, etc. Hay una diferencia muy clara y novedosa (para la época) con otras series como Mazinger Z. Pero al mismo tiempo, es una píldora dificil de tragar. Es larga, el ritmo no es el más ágil de la historia de la televisión y el desarrollo de personajes tarda muchísimo en llegar. No es aburrida. Pero para ser episodios de 20 minutos, no invita a ver varios seguidos. De ahí la calma con la que me he tomado su visionado. Un visionado que me satisface enormemente haber realizado, primero por curiosidad histórica. Segundo porque ahora si que siento que comprendo mejor muchas otras cosas que ya he consumido y me ha abierto el apetito de ver muchas otras que sentía bastante inalcanzables.

Lo mejor de todo es que la serie cuenta con una trilogía de películas que al parecer resume mucho mejor los acontecimientos (lo de siempre, menos es más). Pero bueno, una cosa es que lentamente vaya aprendiendo a hacerme menos daño, y otra muy diferente que la cabezonería me vaya a desaparecer por completo. Pero la conclusión es clara. Cuando queráis empezar una saga con cierto recorrido. Empezad por donde os de la realísima gana. Y si os gusta ya veréis por donde seguir (generalmente aplicando una segunda vez el mismo principio). Y si no, pues dos opciones: dejarlo con la traquilidad de que no estáis haciendo nada malo; o probar otro sabor del surtido de galletas de la caja. Sea como fuere recordad que empezar por el principio, aunque a mi me gusta mucho. No es necesariamente la mejor opción. Y sobre todo, que aunque disfrutemos mucho algo, no pasa nada por perderse una parte. La felicidad está en lo que hacemos, no aquello que hemos dejado de hacer.

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