Se dice mucho que la realidad siempre supera a la ficción. Creo que no somos realmente conscientes, cuando utilizamos esta frase, de la verdad que encierran estas palabras. Cuando uno cree conocer de sobra el género humano (ya no me atrevo siquiera a afirmar si conservo la fe en las personas como colectivo o no), llega una cosa como Wild Wild Country y te vuela la cabeza. Ni si quiera merece la pena entrar a valorar si aquello de lo que he sido testigo es correcto o no. Dada la incredibilidad de los acontecimientos que tuvieron lugar en Oregón entre 1981 y 1985 mi cerebro no es capaz de asimilar más allá del hecho de que tuvieran lugar.

No quisiera arrancar esta reflexión generando más expectativas de las necesarias. A fin de cuentas, Wild Wild Country es una serie documental que retrata un acontecimiento bastante sonado en Estados Unidos en la época. Y para muchos, incluso será conocido a día de hoy. No era mi caso. Probablemente de haber sabido más a mi llegada a la ciudad de Rajneeshpuram mi impresión hubiera sido algo menor. Pero no ha sido el caso y lo que para mi empezó como una historia más de gente influenciable y mal de la cabeza que se va al campo a cultivar jaramagos y practicar el amor libre, se ha acabado convirtiendo en un viaje bastante increible, que a su finalización, me ha dejado pensando durante bastante tiempo.

Si antes de continuar consigo que aquel que lea estas líneas, se aventure a ver Wild Wild Country. Y que lo haga con las expectativas bien medidas (una mezcla de curiosidad, capacidad de asombro y pies en el suelo). Si consigo rizar ese doble rizo, me daré por contento. Pues creo que es una historia que merece la pena ser atendida. Pero no quiero que mi ímpetu se contagie de más, y que se convierta en posible causa para la decepción. A fin de cuentas. No nos encontramos ante una película fantástica. El género; es el del documental. Pero los giros que ofrece la historia, son dignos del mejor thriller de HBO.

Cuidado con esta adorable ancianita… es de armas tomar…

Fenómeno mediático.

Uno de los puntos fuertes de Wild Wild Country, es la maestría con la que está editado. Todos los acontecimientos relacionados con el culto del Bhagwan fueron de gran interés público para la época. Y la cantidad de material grabado en aquellos días es bastante abrumadora. Noticiarios locales, medios nacionales e internacionales; incluso muchísimo material de archivo del propio culto. No hay absolutamente nada a lo que se haga referencia que no cuente con el material audiovisual ideal para ilustrarlo. No creo que nadie se dedicara a preservar todo aquello pensando que en los inicios del siglo XXI llegaría nadie con intención de contar la historia.

Una labor de documentación muy cuidada. Sumada a un montaje ejemplar, en el que cronológicamente vamos asistiendo al devenir de los acontecimientos; pero con un control del ritmo minuciosamente estudiado que al final del primer episodio de seis que conforman la serie, hace que estemos completamente enganchados y deseosos de saber como acabaron las cosas para este grupo de personas agrupadas en el estado de Oregón. La decisión de guiar la narración únicamente con las entrevistas de los implicados en los acontecimientos vividos (tanto habitantes de Oregón como miembros relevantes de la comunidad sanyassin) consigue que la opinión del espectador no se sienta particularmente dirigida hacia el apoyo a ninguna de las partes implicadas en concreto.

Creo que esta es una de las grandes virtudes de Wild Wild Country. Estoy convencido de que sus autores estaban tan convencidos de lo bizarro de todo lo ocurrido que no resultaba necesario tan siquiera el formarse una opinión moral sobre las acciones de sus protagonistas. Que precisamente resultan increibles, no por drásticas (que algunas lo fueron) si no por complejas. No nos encontramos ante otro Jonestown (referencia que precisamente hace el documental) donde alguien convenció a mucha gente para cometer una atrocidad. Sin entrar en detalles creo que en Rajneeshpuram ocurrieron cosas muy turbias mientras mucha gente fue feliz.

No hay nada peor que un tonto motivao… en Rajneeshpuram había abundancia de lo uno y de lo otro…

Es que si te lo cuento, no te lo crees…

Mucho mejor descubrirlo por ti mismo. Pero lo que empieza en un principio como un relato de cultos o sectas. Lo que a todas luces va a ser un documental más que busca descubrir las mentiras de unos pocos iluminados a sus fieles para robarles el dinero (con casos como el de El Palmar de Troya o la Cienciología) se acaba convirtiendo en algo mucho más grande que incluye desde estafas financieras y de inmigración al terrorismo biológico y el magnicidio. Pero me estoy anticipando muchísimo y de verdad que prefiero que lo descubráis por vosotros mismos.

No voy a estar mucho tiempo en este charco, puesto que se que mi imagen no va a quedar impoluta después de lo que voy a decir. En general Wild Wild Country no trata un tema que sea especialmente de mi agrado. Suelo sentir muy poca empatía por la gente que acaba en una secta. Y aunque soy consciente de que suele ser gente con problemas de la que se acaban aprovechando; para mi resulta muy sencillo identificar esas enormes banderas rojas que otros siguen con fervor religioso. Y me detengo a comentar esto para recordar nuevamente que pudiendo parecerlo, no es el tema que trata la serie documental.

La creación del culto del Bhagwan Shree Rajneesh afectó a miles de vidas. No me veo capacitado, aún después de ver Wild Wild Country para dirimir si fue a mejor o a peor. Lo que está claro, es que entre bambalinas sucedieron numerosos acontecimientos dignos de una película de espías. Cuesta muchísimo creer que tales hechos pudieran tener lugar y peor aún, hasta donde podrían haber llegado de haberse desarrollado de forma diferente a como lo hicieron. A día de hoy, muchos de los implicados todavía viven, fueron precisamente sus vidas las que nunca volvieron a ser las mismas, mientras que la marca del gurú Osho a día de hoy todavía mueve decenas de millones anuales mientras muchísima gente es ajena a lo que sucedió…

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