… dos veces bueno. Que no lo digo yo, que lo dice la cencia. Y si no lo dice ella, lo dice mi experiencia. No se me ha dado un sólo caso en el que al extraer un largometraje de un cortometraje previo; la nueva versión aporte algo más digno de relevancia. Al contrario, independientemente de que el resultado sea mejor o peor. Algo que era puro magro, comienza a rellenarse de paja innecesaria para alcanzar la necesaria duración para poder estrenarse en salas. Lo único positivo de verdad de todo esto, es que generalmente dicho estreno viene acompañado de una mayor campaña publicitaria haciendo que la historia llegue a un mayor público.
En el caso del terror es todavía un problema mayor, puesto que se trata de un género que se basa en la sorpresa para captar la atención y que en el momento que esta se pierde (bien por haber visto el corto en cuestión previamente, bien por que los mismos gimmicks se repiten más veces en un espacio de tiempo más dilatado) entramos en un terreno peligroso en el que podemos perder la atención del espectador, o peor aún, su complicidad, algo que nuevamente, el género del terror necesita con desesperación para funcionar.
Me vienen a la cabeza obras maestras como Lights Out o Mama que nacen de cortos verdaderamente impresionantes y que en su traslado al largometraje se quedan completamente insulsas, estiradas hasta la eternidad y con una cantidad de relleno que ya quisiera el pavo de Acción de Gracias de la tita Ellinor. Y desgraciadamente, sucede con esta Backrooms que empieza de forma magistral y conforme da una nueva vuelta al mismo concepto, empieza a perder fuelle para acabar convirtiendose en otra cosa que bueno, más o menos ya la hemos visto antes.

Hay habitaciones y espaldas, cumple lo que promete…
Independientemente de los argumentos que voy a esgrimir a continuación. Creo de verdad que Backrooms es una película de terror que merece la pena ser vista. Si que cuenta con algunos problemas derivados todos de la necesidad de adaptarse al nuevo formato (que no nuevo lenguaje; cortometraje y largometraje pertenecen ambos al mismo medio). Pero en general me parece una película muy bien rodada, muy bien interpretada, y en general muy entretenida en todo momento. Y sobre todo y más importante: original y fresca. Que es algo que hasta hace bien poco parecía escasear en el género que nos ocupa.
Un poco inevitable todo, claro, al final, los directores y guionistas van repitiendo ideas, y estas van perdiendo fuelle no porque se reiteren de mala manera. Si no simplemente porque se reiteran, y se pierde la sorpresa. Esto es algo que parece que James Wan y A24 (productora que sabéis que adoro, aunque me tienen mosca con ciertos lios con la IA de las narices) tienen claro y buscan con fruición nuevas ideas y conceptos que resulten terroríficos o simplemente inquietantes para traer nuevas sorpresas al género. Una de las fuentes que mejores ideas está trayendo es mirar hacia internet, en la que nuevas y originales leyendas urbanas están surgiendo gracias a la calenturienta mente (en el buen sentido) de los adolescentes y su total ausencia de contraste a la hora de copiar y pegar material.
Las backrooms no nacen con esta película. Ni siquiera con la serie web del mismo nombre y director, que luego su creador nutriría de su propio lore inventado (como si el original de internet fuera escaso). Pero no, la inquietud de las backrooms surge de una foto publicada en internet (podéis encontrara muy facilmente) y un comentario anonimo en 4chan que rezaba: «Si no tienes cuidado y haces noclip fuera de la realidad en el lugar equivocado, acabarás en las Backrooms.» Las buenas historias no necesitan más. Un espacio infinito, extrañamente distribuido de oficinas desiertas y de color amarillento. No se me ocurre mejor escenario para contar algo que de miedo. Y es que da igual que escena, fotografía, video o referencia veas en cualquier momento, algo en tu cerebro dice que hay algo que no está bien y siempre generan una extraña sensación de desasosiego.

Las estrellas que más brillan son las que más rápido se extinguen.
Es precisamente esa fuerza la que hace que las backrooms funcionen mejor en las «distancias cortas». Un video de 10-15 minutos, dentro del formato del falso documental o incluso al más puro estilo de El Proyecto de la Bruja de Blair es dinamita pura. Pero en cuanto empezamos a estirar el chicle (metafora que me perdonan si ya la he usado más veces pero es que es la que creo que mejor representa la película de Parsons) la cosa se va diluyendo. Esa sensación de irrealidad se pierde y tenemos que reemplazarla con otros trucos diferentes que independientemente de lo buenos o malos que sean (repito que la película me parece estupendamente ejecutada) comienzan a sentirse algo fuera de lugar. O quizás pertenecientes a otro subgénero de terror.
Al contrario que con los dos cortos previamente mencionados llegué a Backrooms algo más virgen. Sin haber visto nada de la serie original (que inteligentemente comparte mismo universo que la nueva película) y con sólo unas nociones básicas sobre la leyenda original. A pesar de lo que no me ha convencido de la cinta de A24, lo que si me gusta me sigue pareciendo tan poderoso, que me va a costar mucho no dedicarme a perder el tiempo buceando en internet en busca de más información y fotografías del mito original. Y es algo que no deja de sorprenderme. En una sociedad en la que las fotos de OVNIS, monstruos y fantasmas han desaparecido por completo cuando mayor cantidad de cámaras y de mayor calidad lleva la gente encima. Parece que internet sigue teniendo la capacidad de sorprendernos con nuevos «misterios» (tan inventados como los del siglo XVI o el XIX) que puentean el raciocinio de nuestro cerebro haciendonos «creer» que hay algo ahí fuera que no encaja con la realidad.
Es muy buena idea acercarse a Backrooms. Especialmente si buscas un soplo de aire fresco en el género (que llevamos un par de años de enhorabuena con películas muy destacadas que ofrecen nuevos enfoques). Desconozco si aquél que haya visionado previamente la serie puede encontrarse ante algo un poco más repetitivo, o que pierda fuerza ante la necesidad de explicar cosas (que para mi es el mayor error de la película) que no necesitan ser explicadas porque pierden su poder instantaneamente. O precisamente por compartir universo se sentirá como un episodio más pero con mayor presupuesto. Sea como fuere parece que para el ojo curioso y el culo inquieto, Backrooms es una puerta de entrada a una realidad alternativa que merece la pena visitar.



