Sentaos que LA COSA va para rato. La reflexión de hoy se la lleva al agua La Cosa de John Carpenter la famosísima película de culto de terror. De manera que intuyo que tampoco voy a desvelar gran COSA a los lectores de La Batalla por la Cultura Pop. Ya sabéis. Que aunque es la famosa, es la segunda interpretación cinematográfica de el relato de John W. Campbell Jr. Who goes there?. Que en el 51 ya se adaptó en salas bajo el título de La Cosa de otro mundo. Aunque en esta ocasión el monstruo era una suerte de planta humanoide.
Creo que tampoco sorprendo a nadie contando que en 2011 (LA COSA de la que hablamos hoy es la de 1982) se estrenó una tercera La Cosa pero en esta ocasión era una precuela de la de Carpenter que contaba los acontecimientos de la base noruega. Bastante olvidable y con unos efectos visuales que han envejecido mucho peor que la versión anterior. Al final, con estas obras de culto, es difícil que uno pueda aportar información relevante que no se haya contado ya. Es perfectamente comprensible.
No. El ejercicio de hoy va por otro lado. También se ha dicho mucho que las películas de Carpenter van de gente encerrada junto a una amenaza. LA COSA hoy va de encerrarme con vosotros a hablar de mis sensaciones con esta película. Pero nos amenazará el mal gusto. Porque uno no es profesional de la divulgación, pero muchísimo menos es profesional de la comedia. De manera que hoy espero que os sintáis un poco como los investigadores de la base. Desesperados por salir de aquí y sin saber en quién confiar.

A ver como avanza LA COSA…
Muchos califican la cinta de Carpenter como un remake. Sin embargo, él mismo afirma que prefiere verla como una reinterpretación más fiel a la historia original. Está claro que el trabajo de efectos prácticos realizado para la ocasión es una COSA de otro nivel. Pero por lo que la película sigue funcionando perfectamente a día de hoy, es por su capacidad para generar paranoia en el espectador. El 99% del tiempo nuestro punto de vista es el de MacReady (salvo en algún momento muy puntual en el que vemos a algún secundario en solitario para ayudar a sembrar la duda).
Esto no es baladí. LA COSA encaja porque en ningún momento sabes en qué momento quién se ha quedado sólo con quién. En una base con una docena de habitantes uno solo no puede controlarlos a todos. Y esa es la magia de la cinta de Carpenter. No es la amenaza en sí misma. LA COSA no es tan sencilla. De hecho, la criatura es bastante vulnerable en todo momento. No hay prácticamente un único momento en el que aparezca que no acabe hecha fosfatina. No. La clave reside, una vez más en quién puedes confiar.
Todo el escenario está dispuesto para que LA COSA marche de frente. El aislamiento de la base en la antártida. El número de individuos involucrados (ni demasiados ni muy pocos). El entorno hostil. La disposición de la base, con numerosos habitaculos y zonas separadas. Cualquiera que se viera en esa situación, no dejaría de pensar que está LA COSA chunga. Y tendría toda la razón. La película se toma su tiempo en el tercer acto para asegurarse de que los espectadores comprendemos bien la situación. Y cada nuevo intento de escapar de allí que queda inutilizado no hace más que encogernos el corazón y apretarnos el culo.

LA COSA está que arde…
Y cuidado que muerde. Las diferentes criaturas creadas para la película son verdaderamente terroríficas. Pero repito, que como bien demostró la precuela de 2011, no funcionan de la misma forma sin la ambientación adecuada. En esta nueva entrega se pueden permitir llegar más lejos. Y ni de lejos dan el mismo miedo que en la original. El auténtico climax de la película no tiene lugar con un enfrentamiento entre hombre y monstruo. Es una puñetera conversación en una habitación que no voy a destripar por si alguien no la ha visto aún y quiere darle la oportunidad a pesar de lo lamentable de mi humor.
LA COSA funciona así. No hay que darle muchas más vueltas. No sabría destilar el motivo por el que esta película funciona mucho mejor que otras con planteamientos similares. Probablemente la respuesta sea la de siempre: porque sí. Porque su balance de ingredientes hace que resuene de determinada manera con el inconsciente colectivo, permitiendonos vibrar a todos de una manera muy similar y propagandose de boca a oreja de forma más rápida y eficaz que muchas otras. Y lo mejor de todo, es que LA COSA no acaba aquí. Además de las otras películas mencionadas, la cinta cuenta con un videojuego muy apañado del mismo título que hace poco se ha remasterizado y un juego de tablero estupendo que refleja la sensación de estar en la película de forma magistral.
Y me preparo para cerrar esta reflexión apuntando a dicho juego de mesa. Porque una vez más, me permite recalcar que es la ambientación y sobre todo la fantástica sensación de paranoia que la película consigue generar, lo que hace que La Cosa sea una obra tan maravillosa. En el juego puedes hacer muchas COSAS pero aquellas que de verdad se sienten como relevantes son las que te permiten averiguar cual de tus compañeros no es quién dice ser. Porque cuando las personas a las que necesitas para tener LA COSA bajo control, son aquellas en las que no puedes confiar, es cuando tienes un problema de verdad…



