No siempre una obra te deja con la necesidad de decir algo sobre ella. Lo cual, si tienes una web dedicada a la reflexión, y sobre todo, a la divulgación de obras culturales; es un problema importante. Porque indudablemente quiero recomendar Frontier de Guillaume Singelin. Pero es que tampoco tengo mucho que contar. No es que no destaque en nada. El apartado artístico es tan alucinante como ya comenté en el análisis de PTSD. Y argumentalmente es interesante, me lo leí de prácticamente una sentada sin demasiado problema.

Pero nuevamente volvemos a lo de ser una taza, y los posos y tal. A la vez que me ha gustado mucho; tampoco me ha volado la cabeza. A pesar de su discurso ecologista (que le valió un premio en el ya no tanto prestigioso Festival de Angouleme) tampoco me ha dejado pensando en cómo nos estamos cargando el planeta y tal, más que nada porque ya me despierto de noche gritando ante una responsabilidad que le debería quedar grande a cualquier ciudadano de a pie, mientras sale en las noticias como los millonarios contaminan lo mismo que miles de personas sólo para ir a ver el fútbol.

Tampoco me ha hecho mella su mensaje deprimente sobre el hipercapitalismo al que nos dirigimos sin remedio. Llevo varios años enfrascado en todo lo que la saga de Alien puede ofrecerme y esto en comparación se arregla con un delegado sindical. Agradezco el intento de hacerme pensar, no lo estoy criticando. Pero no es una obra que me haya llevado durante varios días en la cabeza rumiar y digerir. A pesar de todo ello. Es que está muy bien. Es que es muy bonita. Y es que está muy entretenida. No de acabártela en un suspiro o no ser capaz de parar de leer. Pero si de cogerla con ganas cada vez.

Lo que hace este autor a nivel artístico, es para quitarse el sombrero una y otra vez…

Todo mejora con submarinos… y con monos…

Es verdad. El tebeo de Singelin, tiene mono. De hecho, es un catalizador importante de la trama. Y es monísimo, valga la redundancia. Pero volvemos a lo mismo. No se me ocurriría recomendarlo únicamente por esto. Es interesante también, ese punto optimista y esperanzador que al igual que en PTSD, Singelin imprime a su obra. Rodeado de la miseria más absoluta, con todos los personajes intentando encontrar su lugar en un mundo ante el que ya no saben como reaccionar, siempre parece brillar la luz. Pero de nuevo tampoco nada que no hayamos visto antes.

¿Por qué narices tanto empeño en recomendar Frontier si no es nada del otro jueves? Pues no lo se, José Luis. Ya es un tema recurrente en este foro. Vivimos en un mundo polarizado. Todo es orgásmicamente bueno; o descorazonadoramente malo. Crees que tu tiempo se cotiza al alza cuando no es realmente así. Es verdad; no paras. Todo el día trabajando, las responsabilidades se acumulan y ese instante efímero que tienes para dedicarte a tí mismo; quieres que cuente. De verdad que lo entiendo. Pero claro, si tuvieras tiempo de pararte a pensarlo, querer optimizar tu tiempo de ocio, de aprovecharlo bien. Va literalmente en contra de la definición de la palabra. Vaya, resulta que sin quererlo al final si que había una reflexión aquí.

Quizás por eso quiero recomendar Frontier a pesar de no tener reflexión alguna que hacer sobre él. Quizás, simplemente me ha gustado. Claro que podría haber leído algo que me hubiera llenado más. Algo que me hubiera removido las entrañas para después colgarlas del balcón. O algo de mi eterna pila de lectura pendiente que me hiciera avanzar en algún proyecto pendiente. Que narices. Podía haber aprovechado para ver una película, montar una maqueta o jugar a algún videojuego y de paso, sentirme menos mal por todo lo que tengo acumulado y no uso.

Esta la casa sin barrer, pero oye, yo aquí estoy bien…

… y con ninjas… o piratas…

De esto no hay nada en Frontier. Pero ya se me fué el discurso por otro lado. Al final, el único motivo para recomendar el cómic, no es otro que simplemente porque es bonico… No se que tiempo me ha llevado leerlo, pero ese rato, ese par de horas quizás que le he dedicado; ha sido tiempo de ocio. Un rato en el que no iba a ejercer de adulto y asumir las muchísimas responsabilidades que me quedaban por ejecutar antes de acabar el día. Y antes que quedarme mirando la pared (que también, según me comentan, es una forma bastante digna de estar OCIOSO) pues he pasado un rato muy ameno alegrándome la vista con el dibujo de este señor.

Y me lo he pasado bien. No MUY bien. No ha sido catártico. Simplemente bien. Y eso es bueno. Aunque luego, queriéndo sentarme aquí a recomendarlo, no me salgan los mejores chistes, ni las frases más ingeniosas. No pasa nada. No tengo ninguna responsabilidad a las espaldas ahora mismo. Simplemente el deseo sincero y honesto de ofrecerle a alguien más la oportunidad de disfrutar de su ocio de la misma forma que yo. No se si te va a merecer la pena. No se si vas a invertir bien tu dinero comprándolo. Me da igual. Yo sé que me lo he pasado bien leyéndolo. A mi me basta. Ya me dirás tú si a tí también.

Hoy me preguntaba un conocido por un libro de fantasía de un conocido escritor. Al mirar un par de cosas para situarme en internet, me encontré con una miniatura de un video que rezaba: «1500 páginas… ¿Merece la pena?». Huelga decir que no sólo no hice click en el enlace, si no que directamente cerré el navegador. Pero ahora mientras reflexiono me doy cuenta de lo antitético que és en comparación de lo que casualmente estoy intentando demostrar aquí. Divulgar no debería ser una forma de hacer que los demás optimicen su tiempo de ocio. La única función detrás de recomendar una obra (y por eso no entiendo esa manía de hacer rankings o análisis negativos de algo) debería ser la de ofrecer un escaparate más amplio de posibilidades con las que poder rellenar nuestro tiempo libre, simplemente porque son bonicas…

Cucha, tú… qué bien se está aquí…

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