Uno sabe de lo que habla cuando se trata de coger un tema y no soltarlo. Se suele hacer la broma cuando nadie escucha. Que si autismo. Que si tarita mental. La realidad es que algunos tenemos muchos problemas con el let it go que tan fuerte cantaba Elsa. Obviamente, la propuesta de The Drama aprovecha la exageración para contar algo tremendamente interesante. Y hablo de exageración, porque cuando uno termina de ver la película, piensa que ha asistido a algo extravagante. Algo que quizás roza el absurdo. La realidad muchas veces supera a la ficción. Únicamente no hace tanto ruido.
El amor de tu vida. Una revelación demoledora a días de un momento clave en la vida de ambos. No hay mejor forma de poner a prueba los cimientos de una relación que someterlos a dos pruebas dignas de los torturadores más sádicos: preparar una boda… y la paternidad. Dejemos esto último para una posible secuela y centremonos en la primera de ellas. Preparar una boda nunca es sólo «preparar una boda». No sólo es un momento en el que eres consciente de la cantidad de compromisos a los que una persona puede verse sometido en el lapso de apenas unos meses. Es que es un proceso que sin darnos cuenta, nos somete a una serie de autoexigencias que no siempre se compadecen con nuestros deseos soñados.
Y sin duda. Día tras día. Noche tras noche. Conforme se va acercando la fecha. Es una fuente de estrés constante. La lista de invitados. El lugar de la ceremonia. El lugar de la celebración. El traje del novio. EL TRAJE DE LA NOVIA. Maquillaje. Fotos. Música. Las invitaciones. El menú. Los anillos. La lista es interminable. Y cada cosa que consigues cerrar se siente pequeña en comparación con todo lo que aún queda por definir y ejecutar. No quiero que parezca que casarse es un infierno. No lo es ni por asomo. Pero si que creo firmemente que cuesta muchísimo mantenerse fiel a uno mismo por las expectativas (autoimpuestas o no) que nos generamos.

… si no la arranca, allí la deja…
Quedémonos un momento con el concepto de estrés. De estrés sostenido en el tiempo y orbitante a un evento que está por llegar. Todos sabemos que los seres humanos no comparten unánimemente la misma capacidad para manejar el estrés. Hay quién podría decir que hay menos adultos funcionales de los que debería en el mundo. Y otros podrían pensar que demasiado bien funcionamos para como están algunas cabezas. La película utiliza todo esto para ofrecer una mezcla extraña entre romance, un poco de comedia, una pizquita de thriller incluso. Pero sobre todo, muchísimo DRAMA.
Al final, The Drama no hace si no demostrar, que los seres humanos somos personas complejas y poliédricas (aunque nos empeñemos inútilmente en simplificarlo todo en términos de blanco o negro). Y a la vez, somos involuntariamente mezquinos y prejuiciosos, incluso con aquellas personas a las que conocemos bien (o creemos conocer). La película desarrolla una trama verdaderamente tensa a partir de un inocente juego: «¿Qué es lo peor que has hecho en tu vida?». Parece una pregunta baladí. Pero cuando se plantea en serio, la respuesta puede no ser sencilla.
Todos cometemos errores. Todos tenemos un pasado. Todos hemos hecho cosas de las que no estamos orgullosos. Cosas que conseguimos olvidar, o que no conseguimos apartar de nuestra mente. Todos queremos sentirnos aceptados, más aún por aquellos que nos quieren. Y todos idealizamos a las personas que amamos. ¿Seríamos, para empezar, lo suficientemente valientes de confesar ciertas cosas? Y no sólo eso. Es una pregunta de doble filo, ya que se expone tanto el que la responde, como aquél que la demanda. ¿Seríamos capaces de no juzgar aquello que no esperábamos oir?.

¿Qué vaca, qué vaca, qué vaca?
Cuando llega ese momento, la cinta no ha transcurrido apenas media hora. Estámos todavía en el primer acto. Y ya tenemos las nalgas más apretadas que una madalena en un vaso de tubo. Porque la boda se acerca, y uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que se calla. Y las palabras se las llevará el viento. Pero como decían en Inception no se puede desterrar una idea. Y es aquí donde Kristoffer Borgli maneja con maestría como la bola de nieve va creciendo. Como los pros y los contras (algunos absurdos, otros verdaderamente lícitos) comienzan a acumularse. Y como la obsesión siempre es peligrosa si no se deja a tiempo (quizás por eso también, lo llaman obsesión).
Las interpretaciones de Pattinson y Zendaya están a la altura del reto. Son dos personajes a los que te crees desde el primer momento. Y lo haces, porque son muy imperfectos. No son la típica pareja de película romántica, aunque pueda parecerlo (el espectador avispado, ya detectará algunas banderas rojas desde el primer momento). Pero da igual. Porque una mala acción no borra una buena, y viceversa. Y como he dicho antes, no sólo somos capaces de ambas. Inevitablemente en nuestro crecimiento personal realizamos una proporcion bastante igualitaria de ambas.
Mucha vuelta para decir básicamente. Que A24 lo ha vuelto a hacer. Si inevitablemente ya no queremos arriesgar a la hora de ir al cine, por lo que acabamos dando prioridad a grandes sagas y franquicias a las que arrojar nuestro dinero. Para mi va siendo hora de reconocer que el trabajo de la productora independiente es un valor seguro. Debería empezar a pensar que próximamente es algo tan digno de mi dinero el «ver la nueva de Marvel» tanto como ver «la nueva de A24». Con una gran diferencia. Con lo de los creadores de The Drama creo que tengo más posibilidades de ser sorprendido.



