Me gusta mucho toda la cosmología que envuelve al espía más famoso de todos los tiempos. Y reconozco que en 2026 eso puede ser ligeramente problemático. No hace falta nada más que ver el cartel original de su primera película (encima de estas líneas). Cualquiera que fuera a ver la cinta en 1962 tenía claras al menos dos cosas: que salía Sean Connery (muuuuuy guapo) y que al menos se iba a amagar a cuatro muchachas de buen ver (hay que reconocer que al menos había menos racismo que machismo, porque al bueno de Bond le valen lo mismo rubias que morenas, que asiáticas que finlandesas).
No voy a justificarme detrás de los pobres argumentos de siempre sobre que si era la época que era, que si el material original, que si la visión del autor… Por desgracia, 007 es machista (que no misógino) y aunque lentamente la saga se ha ido adaptando a los nuevos tiempos (creo que la pentalogía protagonizada por Daniel Craig hace muy bien los deberes y nos presenta a una versión mucho más moderna y más adecuada para todos los géneros). Y será condicionamiento o lo que queramos, pero a mi me cuesta imaginarme James Bond sin ser ese conquistador nato, frente a la que cualquier recepcionista tendría que fregar el suelo después de darle la llave de la habitación.
Si, soy consciente de la burrada que acabo de escribir. Ya he comentado en algún artículos que #YesAllMen y que por muy feministas que intentemos ser, bueno, todos tenemos placeres culpables. Y estoy muy interesado en ver como evoluciona aún más en el futuro la serie (recordemos que Daniel Villeneuve está preparando la vigésimo sexta entrega y que acabamos de recibir un nuevo videojuego que pinta extremadamente bien). Creo que se puede hacer un seductor feminista (porque al final, depende mucho más de como estén escritos los personajes femeninos, que el propio masculino), algo que la propia saga ha demostrado cada vez con menos miedo. Y sin duda creo que estas iteraciones anteriores se pueden disfrutar sin depender de la nostalgia, y enfocándonos más en la propia parodia (algo que hacía mucho el Bond de Pierce Brosnan).

My name is Bond… James Bond…
Gustos personales aparte (que quiere decir básicamente que si no te gusta 007, pues nada, aprovecha para darte un paseo, porque aquí no hay nada que hacer). Creo que hay que reconocerle ciertos méritos a una saga que justo empieza con esta Dr. No (en España, de nuevo confiando en la capacidad intelectual del público, nos llegó con el aclaratorio título de Agente 007 contra el Dr. No). Para empezar nos encontramos ante la saga occidental más longeva de la historia del cine (si descontamos multiversos, que esos juegan precisamente al bulto). Quiero pensar que algo rescatable hay ahí detrás cuando durante 64 años, con mayor o menor acierto, se han seguido estrenando entrega tras entrega.
Veinticinco películas (sólo superadas por sagas orientales como Godzilla o Otoko wa Tsurai yo), seis actores y casi siete décadas de cine. Y lo mejor de todo, es que con sus pros y sus contras, siempre hemos encontrado una serie de elementos que nos hacen sentir como en casa cada vez que volvemos a una película del Agente 007. Desconozco que atractivo tiene el personaje para las nuevas generaciones, pero viendo las ventas del nuevo videojuego parece que es mucho mayor de lo que un señor mayor como yo podría esperarse. De nuevo, quiero pensar que hay algo, que hace que 007 destaque por encima de otras propuestas similares o mucho más contemporáneas.
Y todo empezó en una serie de novelas escritas por Ian Fleming, que como buen caballero inglés, pues moderno, lo que se dice moderno no creo que fuera demasiado. Pero con el salto al cine de esta primera Dr. No es cuando empezamos este maravilloso viaje. Probablemente sea la película más dura de ver de todas ahora mismo. Primero por lo inevitable de la fecha de su estreno; tiene ya bastante solera. Narrativamente tampoco se trata de la historia más solidas de las que Fleming ofrecía (aunque posiblemente era una de las apuestas más seguras a la hora de intentar una nueva franquicia). Y obviamente, muchos de los elementos recurrentes que hemos llegado a adorar con el tiempo, todavía no estaban presentes.

Al servicio de Su Majestad.
Aunque contamos con esa intro tan carácterística con los círculos blancos. El famoso tema de John Barry. Localizaciones exóticas. Una chica Bond (ya analizaremos sucesivamente si analizamos otras películas que implica realmente este calificativo). Un villano con alguna «peculiaridad» física. Tenemos a Felix Leiter, M y Moneypenny (la más feminista de todas las mujeres de la saga). El Vodka Martini «mezclado, no agitado. Y su presentación tan característica. Sin embargo todavía nos tendrán que llegar con el tiempo elementos como esos temas principales (generalmente encargados a grupos o artistas de éxito del momento) cargados de siluetas, el prólogo donde se nos cuenta una misión anterior que estará relacionada con la principal, la sección Q y los gadgets, los coches personalizados…
A pesar de esa sensación de película de espías antigua. Y esa trama ora absurda, ora de los años veinte; ya se empieza a apreciar cierto encanto. Algo de éxito tendría cuando se han realizado veinticuatro secuelas a sus espaldas. Connery da la talla perfectamente como el personaje (y estaba muuuuuuy guapo allá por el 62, aunque tenía un poco de pecho palomo, pero me temo que es algo inherente a la época). Ursula Andress marca el listón de lo que implica físicamente ser una chica Bond, pero afortunadamente prácticamente todas las que han venido después han ido aportando cada vez más algo más de chicha que simplemente ser una «mujer florero» a la que rescatar.
No quiero convencer a nadie de nada. Dr. No es una consecuencia directa de cómo era (y desgraciadamente todavía es, aunque algo menos) el mundo. Y ahora lo veo con cierta nostalgia, y me rió, sabiendo que está mal, y que no soy perfecto. Y está bien abrazar esas incongruencias mientras abracemos también el progreso y los avances. Y si la chica esta que recoge conchas sale como no ha salido nadie del agua se dice. Y si a Connery le cabe una marquesina de autobús en el pecho, pues se dice también. Ahora mismo, probablemente no encuentro motivos, independientemente, para recomendar la cinta, más allá de la pura arqueología, o la nostalgia por el personaje.



