La verdad es que no se si la pregunta la hago medio en serio o medio en broma. Empecé a leer a King allá por la secundaria y no llevaba pocos libros escritos. Y siempre ha sido el «Rey del Terror». Por aquel entonces, en los videoclubs (un invento que asumo que todavía la mayoría de los que me leen conocen, al menos de momento) también podíamos encontrar numerosas adaptaciones cinematográficas de sus novelas. Y recordemos que el terror además era el género por antonomasia del alquiler de cintas VHS, con su sugerentes y provocativas carátulas por las que te guiabas para elegir la película en una época en la que no existía Filmaffinity…
Stephen King es posiblemente el escritor más prolífico de la historia, seguido muy de cerca, se me ocurre, por Brandon Sanderson. Y es esta comparativa inocente la que me hace plantearme la cuestión. Vale que Sanderson escribe fantasía y no terror. Pero en las estanterías de las librerías dedicadas al pozo del fantástico (lo que se conoce también como literatura «de género»), ese cajón desastre donde la alta cultura mete al terror, la fantasía y la ciencia ficción como si fueran algo de segunda clase; ya no es el nombre de King el que predomina. Otros como Sanderson, Abercombie o las cada vez más voluminosas estanterías de Joven Adulto parecen estar comiéndole la tostada.
Y aún así, cada vez que el amigo Stephen saca libro nuevo, no puede uno dar dos pasos dentro de la librería sin caerse encima del expositor de su última novela de turno. Así que tengo mucha curiosidad por saber si a día de hoy sigue siendo tan potente como siempre, o más allá de que se le reconoce el mérito y debido a su constancia, cuenta con ese hueco promocionado siempre pero pasa mucho más desapercibido de lo que parece. Sea como fuere, hubo una época en la que no leía otra cosa que sus libros, y aún así, bien por falta de memoria, bien porque no cayeron en mis manos, había ganas desde hace tiempo de darle un repaso a su obra, buscando apreciar esa evolución inevitable cuando han pasado 50 añazos ya de la publicación de su primera novela.
Carrie White come mierda.
Un ejercicio complicado de desempeñar. Porque lamentablemente tengo mucho más asociada a la historia de Carrie White, las imágenes de la película dirigida por Brian de Palma. Un auténtico peliculón, que adapta la novela de forma magistral, y se separa relativamente poco de la novela original. Digo lamentablemente, porque tras haberla acabado hace un par de noches, sigo sin tener claro si la había leído en su momento o no. Por un lado pienso que si, ya que el libro lleva en mi poder décadas y no es de los que vinieron de mudanza cuando mi mujer y yo comenzamos a vivir juntos (he leído la edición del 50 aniversario, pero tengo otra viejita por aquí de coleccionable de quiosco).
Leyéndola (o releyéndola) no consigo recordar si todas las partes que simulan el falso documental (reportajes aparecidos en la revista Esquire, Explosión en las Sombras: Hechos comprobados y conclusiones específicas obtenidas sobre el caso de Carrietta White, Me llamo Susan Snell, Telequinesia, Análisis y Consecuencias…) ya estaban en algún cajón recóndito de mi memoria o por otra parte estaban desenterrando simplemente los compases finales de la película. Porque una cosa que me parece magistral del libro es como desde la primera página te anticipa el final de la novela. Repito que lo cuenta en las primeras páginas pero ya sabéis que suelo evitar destripar nada, así que vamos con el tripe mortal.
Ya desde el inicio Stephen King trabaja con maestría el suspense haciendo lo que mejor sabía hacer Alfred Hitchcock: desvelar el horror, el peligro, lo que va a suceder. Y ahora, sabiendo lo que va a ocurrir de forma inevitable, recrearse en el proceso que acabará desembocando en la catástrofe. Haciendo que cada segundo sea interminable. Porque ya hemos visto la bomba debajo de la mesa, pero los comensales no. Nosotros sabemos que va a estallar en cualquier momento, pero los demás permanecen ajenos al peligro. De la misma forma que los recortes de estas publicaciones ficticias recuerdan, en tiempo pasado, la catástrofe que se cierne sobre los habitantes de Chamberlain. Pero simultáneamente, los vemos avanzar ajenos a este peligro inminente hacia su destino inevitable.
Carrie White arde en el infierno por sus pecados. Cristo nunca falla.
Sin embargo, aunque la duda sobre esos pasajes sigue ahí. El resto si que lo tengo grabado a fuego como si acabara de ver la película / leer la novela ayer mismo (cosa que por otra parte es literal, pero me refiero a mientras realizaba la relectura). La escena de las duchas al inicio. Los enfrentamientos de Carrie contra su madre, el personaje más odioso de la historia a pesar de que hay un villano claro en la figura de Hargensen y su novio Billy Nolan. El ejercicio de contrición de Sue Snell. Y sobre todo Tommy Ross, el personaje de corazón más puro de toda la novela. Y sobre todo, el Baile del instituto.
Por otra parte, los compases finales de la novela, bastante diferentes a los de la película si que me parecían relativamente novedosos, aunque el aroma familiar seguía estando presente. Y eso que la faceta extra de los poderes de Carrie que no aparecen en la cinta de De Palma me sonaba completamente nuevos. Igual que el capitulo final con el cliffhanger. Sea como fuere, Carrie sigue siendo una novela, que 50 años después, se sigue leyendo de un tirón (y además no es especialmente larga).
Da igual que sepas como acaba, o que sea la próxima novela la que te lo deje entrever con muy poco disimulo. Cada nuevo paso en la terrorífica dirección hacia la que avanzan todos los personajes te tiene con el pecho encogido. A cada nueva decisión, incluso las tomadas con la mejor de las intenciones no hacen si no provocarnos angustias a sabiendas de que es un error irresoluble. Pero no sólo de tensión vive el lector. Que ya, en 1976, se traten en esta novela temas como el bullying (de forma magistral) o el fanatismo religioso, no hacen si no añadir valor a una novela magistral, que la mujer de King rescató de la papelera de su marido para fortuna nuestra.




