¿Os he dicho ya alguna vez que tengo un grupito de gente super maja, con la que de cuando en cuando nos recomendamos algún tebeíto, lo leemos y luego nos sentamos a charlar de él mientras comemos donettes? Son tantos los motivos que me aportan felicidad al hacer esto, empezando por los donettes, claro. No hace falta que nadie saque sus gafas de pasta, no se nos ha creado nunca la necesidad de levantar el meñique. Y a pesar de todo, me vuelvo a casa sintiéndome un poquito más cultivado. No porque sepa mucho más que antes de llegar (que algo siempre se aprende). Es esa sensación, de haber ejercitado las neuronas; de haberme parado un rato a pensar en mi ocio y no haberme limitado a fagocitarlo. Ya hemos comentado alguna vez esa extraña sensación.

Pero hay otro factor muy importante. La sorpresa. Porque da igual lo informado que quieras estar en una materia. Es imposible abarcarlo todo. No voy a engañar a nadie yendo de modesto. No son pocas las obras que se me recomiendan y de las que pienso «fantástico, por fin una excusa para leerla» porque ya las tenía en el radar pitándo fuerte. Pero a veces (más de las que parece, afortunadamente) llega a mis manos algo completamente desconocido… y que encima está francamente bien. Es el caso de CODA. Una obra que probablemente de haber nacido en el seno del país francófono vecino, habría tenido mucho más predicamento del que actualmente tiene.

Y es que CODA. A nivel de guión y dibujo, tiene mucho de esa epopeya típica de album de fantasía de gran formato. Como sus autores no gozan de la ventaja de haber nacido al norte de los Pirineos, tuvieron que encontrar su hueco en una pequeña editorial independiente americana que ya nos ha sorprendido con algunas obras muy reseñables. Y en lugar de tres álbumes de gran formato se tuvieron que adaptar a una maxiserie de 12 números. Y es que Boom Studios lo mismo te tira a la cara los Power Rangers, que Hay algo matando niños, que esta epopeya fantástica tan inesperada. Y vaya por delante en mi reflexión que sin dejar un poso particularmente notable, se trata de una obra de cuya lectura he disfrutado enormemente en todo momento.

El arte de Bergara es super personal, y aún así nos recuerda, quizás por el color, ligeramente a la obra de Moebius…

¿Tú sabes lo que es una CODA?

Porque yo no tenía ni idea. Y tal, como siempre, es el ritmo frenético que llevamos. Que hasta que no terminé de leer el tercer volumen que cierra esta estupendísima historia. Hasta que en mitad de la noche no me percaté del silencio que me rodeaba. No fue hasta en tonces que no me hice la pregunta: ¿por qué narices se llama CODA el tebeo? Y que bonito es hacerse preguntas, porque es la única forma que tenemos de sorprendernos con las respuestas. Según el Diccionario de la Lengua Española, en su primera acepción del Arágonés rural en desuso es la versión femenina de la palabra «cola».

Sigan circulando, nada que ver aquí. Es en su segunda acepción en la que encontramos diversas definiciones a cada cual más pintiparada. Si nos atenemos a las artes escritas, en Métrica, una CODA es un «conjunto de versos que se añaden como remate a ciertos poemas» y en Música puede ser tanto «adición brillante al período final de una pieza de música» como «repetición final de una pieza bailable». Y como sinónimos o afines de CODA nos encontramos palabras como «estribillo, final, remate o EPÍLOGO». Perdónenme ustedes la clase de Lengua, pero para mi esto fue una revelación de proporciones épicas.

Porque bien es verdad, que le ponemos determinado nombre a las cosas por un motivo fundamentado. Y si ya al terminar de leer CODA, estaba contento con el resultado; entender el significado del título (que ya también me podría haber fijado yo antes) y comprender entonces, a un nivel superior (más allá del puro divertimento, escarbando un poco en la intención y la estructura) un nuevo significado para la historia haciendola aún más trascendental. Son de esas pequeñas sorpresas que te alegran el día. Que aportan esa felicidad cotidiana que a veces es mucho más poderosa a la hora de mantenerte a flote de lo que son grandes eventos positivos.

Además de bonita, la obra está extraordinariamente bien escrita, con mucho humor y sobre todo, mucho cinismo…

Bardos, orcos y unicornios…

No es casualidad entonces (¿por qué debería de serlo?) que nuestro protagonista sea un bardo en lugar de un gran guerrero o un caballero de brillante armadura. En su momento, se vendió mucho el cómic The Walking Dead como la película de zombies que empezaba justo donde acababan las demás películas de zombies. Vaya. Una «coda» a las películas de muertos vivientes. En este caso también tenemos un poco de eso (hay apocalipsis, gente recluida en sitios, saqueadores y algún no muerto que otro) pero la extrapolación se realiza al mundo de la Fantasía.

CODA es (valga la redundancia buscada en su título) ese «epílogo» final; esa suerte de cuarto acto de la historia fantástica que más nos guste… si hubiera acabado mal. Cuando todo ha terminado, cuando teorícamente ya no queda nada más que contar. Cuando la única alternativa narrativa parece ser, en todo caso, una secuela que venga a redirigir las cosas; Spurrier y Bergara se lían la manta a la cabeza y nos traen un epílogo en tres actos cargado de buenas ideas. Las inspiraciones no se esconden, al revés. Se enseñan con orgullo y se elevan para aprovecharles hasta el túetano.

Pero al mismo tiempo, donde todo es reconocible, familiar y mil veces visto. Los elementos se reestructuran de forma diferente y totalmente autoconsciente. Y sin darnos cuenta, estamos asistiendo ante algo, no sólo completamente nuevo; si no tremendamente original. Con una personalidad tan arrolladora como el unicornio de nuestro protagonista. Una carta de amor al género que no se limita a contar la misma historia desde otro punto de vista. La deconstruye por completo, para volver a armarla reconvirtiendola en algo diferente. CODA es de esas obras que me vuelve loco recomendar, precisamente porque jamás hubieran llegado a mis manos si no me las hubiera recomendado otra persona. Esa es una conexión que la cultura y sólo la cultura puede ofrecer.

Bardos, arlequines y drogas mágicas… esto no es El Señor de los Anillos ni Juego de Tronos…

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