Que ya me sabe mal hacer la odiosa comparación. Que en su momento disfruté mucho las novelas «del niño que vivió». Y que me da muchísima rabia que su autora sea tan mala persona que el poco interés que me quedaba por la serie se me fuera por el sumidero de tal manera que haya perdido por completo el interés y la capacidad de dejarme llevar por sus nuevas propuestas (las últimas películas, de dudosísima calidad a mi entender, tampoco han ayudado). Que le vamos a hacer. Fue bonito mientras duró.
Digo que las comparaciones son odiosas y por más que he intentado evitarlas, no lo he conseguido. Una serie con la magia como protagonista, con el rol principal enfocado en una serie de infantes (niñas en este caso). Donde la magia casi parece tecnología y está destinada al uso de unos pocos elegidos nacidos con el don desde pequeños. Una escuela (mucho más pequeña que Hogwarts, oviamente). Un profesor con secretos relacionados con su aprendiz. Una figura materna desaparecida por culpa de la magia. Una serie de adultos de estricta mirada que miran con sospecha a nuestra adorable Coco únicamente por ser quien es y por cierta leyenda que parece apuntar a que el mundo mágico acabe patas arriba…
Y aún así, en ningún momento Atelier of Witch Hat se siente una copia de la inefable J. K. Rowling. Más bien al contrario (aunque soy consciente de qué vino primero). La sensación en todo momento es de que quizás, si la obra del mago británico no hubiera cometido los errores de construcción de mundo (y me sigue pareciendo uno de sus puntos fuertes) en los que se empantanó debido a la escasez de mentalidad abierta de su autora. Si hubiera decidido apostar más por la luz y la alegría. Quizás hubieramos tenido algo más parecido a Atelier of Witch Hat. Pero de verdad que dejo ya el tema, porque cierto es que le estoy dando una bofetada gratuita a un fandom que no me ha hecho nada malo y tiene derecho a disfrutar de las cosas buenas que tiene su totem.

La magia es el «engaño» que da color al mundo…
Atelier of Witch Hat es de esas obras, que lo primero de todo, entran por los ojos. El dibujo de la serie está a un nivel que nunca antes había visto en un manga. No solo por su calidad, detalle o personalidad arrolladora. Cualquier página por la que decidas abrir cualquier tomo de la serie, te quema las retinas a base de positividad, alegría y belleza en estado puro. Uno ve cualquier viñeta de Atelier y reconoce inmediatamente el trabajo de su autora. Sólo eso ya vale su peso en oro, pero es que además la sensación es siempre de que dicha belleza viaja directamente de la retina la corazón.
Y uno podría pensar que se trata únicamente de eso. Una serie con un gran dibujo. Quizás para niños, dada la edad de sus protagonistas y lo achuchable de sus mascotas (quiero un gusano pincel). Pero no. Atelier of Witch Hat tiene «chicha». No sólo presenta una trama interesante (aunque no necesariamente cargada de originalidad). Chica descubre el secreto de la magia. Chica mete la pata al usar la magia sin preparación. Chica se tiene que dedicar en cuerpo y alma a hincar los codos para sacarse el carné de mago y poder salvar a su madre. Hay un poquito de eso de «ser la elegida» que tenía el otro gafotas, pero aquí es todo menos maniqueo.
Hasta los malos tienen razones de peso para hacer lo que hacen más allá de ser «malvados». Ya sabéis que no quiero desvelar nada cuando hago estas reflexiones. Pero es que las motivaciones de esa supuesta facción del Sombrero de Ala… oye, dale una pensada y lo mismo hasta te sumas a sus filas sin tener que comerte la cabeza demasiado. Como digo, Atelier of Witch Hat no es sólo una cara bonita. Sin ofrecer la mayor trama de la historia, nos regala un argumento bastante solvente que se desenvuelve a un ritmo (al menos en estos dos primeros tomos de la Edición Grimorio que equivalen a cuatro de la normal) muy agradable de leer y donde alternamos resolución de misterio con eso que los impacientes llamarían «relleno» y que de relleno no tiene nada.

Un sólo cabo suelto puede llevarnos a la destrucción inmediata.
Los personajes protagonistas están muy bien escritos. Con personalidades marcadas pero llenas de profundidad. Con motivaciones, sueños e ilusiones que, de nuevo lo siento, me recuerdan a aquellas que me gustaban de Harry Potter pero con una pensadita que las levantan varios enteros (y a Harry no tanto, pero Ron y Hermione son de las pocas cosas que echo de menos de cuando leí aquellos libros). Uno se queda con ganas de más después de cada tomo. De saber más de lo que va a pasarle a nuestras protagonistas. De saber qué es eso que los que tienen la información no quieren contarnos por nuestro propio bien. De conocer más sobre el mundo en el que transcurre todo. Y de empaparse más del maravilloso arte de la tita Kamome Shirahama.
Y es que a lo mejor ahí radica un poco la clave de todo esto. Y no deja de sorprenderme. Porque uno diría que la clave que hace Atelier of Witch Hat lo que es, es ese «toque femenino», esa sensibilidad que aporta la autora. Algo que me sorprende muchísimo (o quizás no debería) viniendo de un país como Japón. Porque tampoco voy a afirmar que las novelas de Harry Potter las podría haber escrito un señor (de verdad que no, pienso muchas cosas negativas de su autora, pero eso no). Pero es verdad que la historia de Coco tiene una dulzura de la que carece la de Harry. Y está muy bien eso de que es que la historia fue madurando conforme sus lectores lo hacían (una verdad como un templo). Pero de nuevo creo que confundimos madurez con adultez. Y olvidamos que los adolescentes, por mucho que ellos lo crean, no son adultos.
Quiero pedir perdon. Y quiero pedirlo de corazón. Pedir perdón porque la reflexión que traigo hoy casi parece que haya servido para quitarme una espinita que tenía clavada de poder hablar en voz alta de una serie que tengo bastante claro que no voy a analizar en estas páginas por muchos motivos (unos culpa suya, otros culpa mia). Y eso no es justo. No lo es para ti que me lees te guste o no Harry Potter. Lo es todavía menos si encima te gusta la serie de los magos británicos. Tampoco es justo para mi, que siempre intento enfocar mi punto de vista en lo positivo. Hoy he visto carnaza y me he tirado a dar dentelladas sin refrenarme siquiera un poquito. Pero sobre todo, no es justo para con Atelier of Witch Hat, que es uno de los mejores mangas que he leído nunca sin la necesidad de tener que compararlo con nada. Esa, es la mayor injusticia que se ha cometido aquí hoy.




