No es que sea yo muy fan de las historias de ponerse hasta el culo. Lo acabo de descubrir. Me parece que en Scary Movie hay chistes rematadamente buenos, pero claro, la inmensa mayoría son de porros y fumetas. Resacón en las Vegas me parece una de las mejores comedias de enredo que se han realizado nunca, pero no me veo con fuerzas para afrontar sus dos secuelas. Me vuelve loco Kevin Smith, pero Jay me agota hasta el punto de que hace que me cueste sentarme a ver el resto. No se si tiene que ver con que nunca me he atrevido a adentrarme en el mundo de las sustancias estupefacientes (el acohol y de forma tardía, y pare usted de contar).
Y claro, por lo que puedo ver al abrir Lupus, son un par de colegas, con las ideas poco claras de qué hacer con sus respectivas vidas. No partía de la mejor de las posiciones para que la obra me entusiasmara. Por otra parte. Hablamos de Frederik Peeters. Y su Pildoras Azules me gustó muchísimo. De manera que aunque la temática no me atraiga con fuerza, quizás su punto de vista, ese enfoque que tiene sobre la vida y sus problemas, crudo pero realista. Que narices: confiamos. Sin embargo, a pesar de poner todo mi empeño en enfrentarme ante una predisposición adversa, no he conseguido mantenerme todo lo a flote que me hubiera gustado con la lectura de Lupus.
Hay muchas cosas buenas, y creo que en los próximos párrafos también demostraré que se trata de un cómic del que tengo mucho que decir (al que le interese). Pero si tienes prisa y no te vas a quedar al segundo y tercer actos de esta reflexión, te adelanto que me cuesta mucho refrenar las ganas de darle a Lupus con la mano abierta (repetidamente). Y pese a que (no entro en spoilers), la obra intenta cerrar su círculo de forma relativamente optimista. Toda la narración, salpimentada de momentos agridulces, da mayor voz y presencia a aquellos más amargos.

Tenía tendencia a sentirse como un agujero negro… tendría que haberla escuchado y haberla creído…
Hay una cosa que me vuelve loco del libro. Y esa cosa es Sanaa. La protagonista femenina que llega para poner patas arriba (o asentarlas después de un buen meneo) las vidas de Lupus y Tony. No se si es como Peeters la dibuja, con esos enormes ojos negros, o su silueta femenina pero sin cosificar. No se si es esa actitud tan inocente como misteriosa al mismo tiempo. Sin duda no es su secreto (ni lo que este implica para sus compañeros de viaje). Sea como sea, Sanaa es una chica por la que en mi juventud hubiera hecho más de una tontería con tal de hacer que se fijara en mí.
Me va a resultar dificil explicar la sensación de frustración o impotencia que me ha producido la lectura de Lupus sin hacer ningún spoiler. Pero estas son las reglas que nos hemos dado, de manera que intentemos seguirlas hasta donde podamos. No descarto, en absoluto, que la lectura de Lupus me haya podido llegar en un mal momento. Cansado fisicamente, agotado mentalmente. Con numerosas responsabilidades orbitándome de forma constante. Ciertas lecturas más ancladas en la evasión me han entrado mejor durante los mismos días. Pero. Somos lo que comemos. Y no somos la misma persona durante todos los días de nuestra vida.
Para mi, como lector; como persona ajena a las circunstancias de los protagonistas de la obra. Me resulta muy fácil pensar en lo que yo haría de verme en una situación como la de Lupus y Sanaa. Tonto sería si no lo hiciera. Y estaría completamente equivocado, por supuesto. Sin embargo, no me sacudo de encima la sensacion, en todo momento, de que Lupus es imbécil. Sí. Es posible que la vida le haya puesto ante una situación traumática. Aunque poca duda queda que el trauma ya venía de casa, y son un par de catalizadores los que lo ponen en movimiento. Desgraciadamente, parece ser únicamente el negativo el que tiene importancia en su cabeza, y eso; a día de hoy, con la edad que tengo y mi situación familiar. No díria que me ha cabreado, pero si que me ha molestado bastante, como un picor que no consigues rascarte.

¿Sigues sin arrepentirte de nada?
Ese es el gran problema que le veo a la obra. La sensación de arrepentimiento de Lupus por tantas cosas es constante. Sin embargo, Sanaa no parece únicamente aceptar a donde la lleva el viento. Es feliz con las decisiones que ha tomado y las consecuencias que le están acarreando. El problema es donde tengo la sensación de cual es el lugar en el que Frederik Peeters pone el acentó todo el tiempo. Tras leer los cuatro volúmenes que componen la obra, estoy bastante seguro que entre todos los altibajos emocionales por los que pueden haber pasado los protagonistas. Hay un par de momentos especialmente dulces. Especialmente importantes. Extremadamente felices. Y sin embargo, o yo estaba muy dormido en el momento de leerlos, o pasan completamente desapercibidos.
O suceden completamente en off. O asistimos a ellos de una manera tan sutil, tan poco invasiva, que casi no somos conscientes de que han tenido lugar. Es tan solo cuando asistimos a sus consecuencias. Y vemos que nadie se lleva las manos a la cabeza o empieza a correr agitando los brazos cuando ASUMIMOS que son consecuencias bien recibidas. Que los personajes definen (al menos parcialmente) su felicidad (la poca que nos son capaces de expresar) a traves de esos pequeños momentos. Y el final… Repito que no voy a desvelar nada. Pero me parece de un amargo tan doloroso, en el que todo se asume simplemente porque se compensa una gran pérdida a cambio de la recuperación de algo (en mi opinión) tremendamente inferior y que únicamente tiene valor en base a unas expectativas erróneas.
Releo estás líneas mientras intento cerrar este análisis. Y me doy cuenta de que probablemente Lupus sea mucho mejor obra de lo que he sido capaz de percibir. Algo habrá hecho bien si ha sido capaz de cabrearme tanto. Pero somos sentimientos, y tenemos seres humanos. Y es verdad que quizás, sólo quizás. Alguien me ha roto (apenas unas grietas impercetibles, lo suficiente para que duela) el corazón. No se si ha sido Sanna. Frederik Peeters. La indolencia de Lupus… De verdad que es de esas obras que lamento no poder comentar destripándola a gusto. Pero oye, quizás mis palabras te animen a darle un tiento y si nuestros caminos se cruzan algún día, podamos intercambiar opiniones y hablar de lo que pensamos. Porque, lo siento mucho, Lupus. Es lo que hacen los adultos.




