Luchamos sin descanso por ser el borrego que se sube más alto sobre los demás. Pasó con el anterior Premio Nacional de Cómic. Y ha pasado con este. Dos problemas veo cuando se premian obras de este tipo, y ninguno de los dos tiene que ver con la obra en cuestión. El primero de ellos es ese machismo rampante disfrazado de progresismo. Ese «no tengo ningún problema con que le den premios a mujeres, pero claro, lo importante es que la obra sea buena, la escriba quien la escriba». A esto, viene bien aclarar que efectivamente, como lectores nuestro interés debe estar en recibir buenas obras. Y que los autores en lo más alto no están obligados moralmente a ser inclusivos. Para eso precisamente están este tipo de premios, para dar visibilidad, y si es a mujeres, mejor.

El otro problema es más serio. Porque cero dudas tengo que aquellos que critican la elección de obras como El cuerpo de Cristo o Lo sabes aunque no te lo he dicho como premios no se han acercado a medio metro de sendos libros. Su excusa es clara «es que el dibujo es feísimo», «a mi es que un cómic me tiene que entrar por los ojos». Entendiendo de donde proviene esa estrechez de miras (que narices, todos somos vulnerables a los impulsos estéticos) no puedo más que pasarme la mano por la cara con denotada desesperación. Hablamos del premio que valora la mejor obra del panorama nacional anual y para ti, José Luis, todo se reduce a un porcentaje reducido de la misma a la hora de hacer tu aportación razonada…

No deja de resultarme irónico, en una hora donde valoramos todo por la trama (de que van las cosas). No hablo siquiera de guión, que no es lo mismo. Hablo de la pura secuencia de acontecimientos. De eso que si no nos convence o no nos explican mascadito señalamos con intensidad calificando de «agujero de guión». Pues decía que bendita ironía que en la era de los argumentos decidamos que una obra no es merecedora del premio por el dibujo. Sólo porque no es bonito o acorde a determinados cánones. Cuando hablo de que tenemos que abrazar nuestras incongruencias, no me refiero a esto.

Quién dice escuchar, dice leer, ¿verdád?

Prefiero aguantar este silencio incómodo, antes que preguntar «¿qué tal?» y que me lo cuente…

No voy a ser hipócrita. Si no fuera por el Premio Nacional, nunca me hubiera acercado a Lo sabes aunque no te lo he dicho. Pero repito, que esa es la función que debe acometer un galardón de estas características. No premiar al tebeo más vendido, no reconocer al autor más granado de nuestra piel de toro. Acercar al mayor número de gente posible «la mejor obra» del año, independientemente de su fama o ventas. Y ayudar a ese talento a que pueda seguir desarrollando su trabajo en el futuro. Porque si, la autora se llevará un pellizquito del que ya le quitará Hacienda su parte (o no).

Lo sabes, aunque no te lo dicho es una obra que he tenido que empezar dos veces. Voy a explicarme para que no parezca que se trata de un aspecto negativo del libro. Desde la entrega del premio he tenido curiosidad por saber de que iba, con esa pila de borregos coloreados con subrayador de instituto. Por acercarme buscando la sorpresa nunca leí de que iba, decisión de la que me alegro. Ya que el cómic abre con una pagina doble (previa a los créditos y título) donde deja clarísimo de que va la movida. En sólo esas dos páginas ya entendemos donde nos estamos metiendo, y empezamos a intuir el significado de tan curiosa portada.

Sin entrar en detalles, al pasar las páginas asistimos a una secuencia de pequeñas historias (casi hermanas del gag de la tira de prensa), todas autoconclusivas, todas con un denomidador común (que tiene que ver en la forma que nos comunicamos con el resto de seres con los que convivimos en una sociedad hiperconectada). Lo bonito reside, además de en las verdades como puños que nos tira Candela Sierra a la cara, en como dichas historias van conectándose, como si asistieramos a un enorme plano secuencia que recorre la ciudad (y parte de sus alrededores) radiografiándonos y mostrando el espejo ante un espejo que no podemos ignorar.

Todos nos definimos en algún momento u otro mediante aquellos que nos rodean…

Chico. No queda nadie. Estás hablando sólo.

No voy a cometer el error de ser el borrego más arriba de la pila. Me he visto reflejado en alguna de las situaciones que muestra el tebeo. Era consciente de algunas de ellas. De otras no tanto. Desgraciadamente soy machista, aunque intento no serlo. Lamentablemente soy racista, aunque me esfuerzo por no caer en ello. No. Soy un borrego más del montón. Quizás sabiéndolo lo sea un poco menos; quizás no. Lo sabes aunque no te lo he dicho ayuda a tomar conciencia de como nos relacionamos con los demás, y de que forma podemos mejorar. Y lo hace con un humor delicioso. Que como ya he dicho, es la forma más elaborada de inteligencia.

Esto genera una paradoja. Porque el borrego es el que no quiere aprender. Y si se lo dices directamente se va a enfadar. Pero es que a través del humor tampoco vas a conseguir gran cosa, porque a José Luis no le da la cabeza para más (o no quiere que le dé). Al final es predicar a los conversos. Es recordar las normas a aquellos que ya las siguen (o al menos lo intentan). Pero nada de esto importa, porque sirve para que lo pasemos muy bien. Candela Sierra derrocha humor ácido, humor tremendamente inteligente. Y como decía, la decisión de volver a empezar el libro cuando iba por la mitad obedece a una necesidad de no querer perderme nada de ese destilado, del ejercicio narrativo con el que interconecta sus historias.

Y si, Lo sabes aunque no te lo he dicho no tiene un dibujo bonito. No tenemos el stendhalazo con el que te abofetea un Jordi Lafebre o una Bilquis Evely. Pero recordemos lo hablado antes. Eso no hace a la obra peor. Probablemente al contrario. Probablemente el estilo feista de Candela le siente como un guante a lo que leemos. Porque hasta las personas más bellas tienen un interior algo más feo. Y narrativamente, en lo gráfico, la obra es impecable. Tanto en el dibujo como en el uso del color. Quizás los últimos gags se cogen algo cansado si lo lees del tirón y tienen algo menos de gracia (o requieren algo más de esfuerzo para ser entendidos). Sea como sea, mi enhorabuena a Candela Sierra por un merecidísimo Premio Nacional de Cómic 2025. A ver que nos depara este año.

Si alguna vez se me han antojado innecesarios los pies de foto, ha sido en esta ocasión…

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