Esta serie, que actualmente puede disfrutarse en Disney+, no hace si no venir a confirmar muchas cosas que llevo defendiendo años, y sobre las que ya he reflexionado alguna vez en estas páginas. Tantas son, que me gustaría no dispersarme demasiado recorriéndolas o corro el riesgo de quedarme sin espacio y no trabajar ninguna de ellas realmente. Pero si tuviera que resumirlas en un pequeño concepto, creo que sería algo así como que no podría.

Seamos sinceros. Aparte de ti, José Luis, ¿quién conoce realmente a Wonder Man? Porque yo me considero un comicófilo de superhéroes de largo recorrido y creo que no me he cruzado con él en una viñeta en mi vida. Si, me suena quién es. Si, asocio su nombre a Los Vengadores Costa Oeste y tal. Pero que no, que al señor Wonder Man no lo conoce nadie. Enfrente a José Luis, tenemos a Maria Luisa (a la que le hemos puesto nombre femenino, pero por su comportamiento veréis que debe ser como Carmen Mola y esconde un señor con bigote detrás).

Porque Maria Luisa es de esos que dicen: «¿Pero de verdad hacía falta hacer una serie de Wonder Man, si no lo conoce nadie? Con la de personajes BUENOS que hay por ahí mucho más conocidos». José Luis y Maria Luisa no se llevan bien. Pero ambos estarían de acuerdo en estar en desacuerdo conmigo: Da igual quién sea el personaje. Lo que hace a un personaje bueno o malo no es su popularidad. Ni siquiera es su origen o sus poderes (en el caso de que los tenga). Todo depende de quién se ponga a los mandos del proyecto y qué quiera contar, utilizándolo como catalizador. Los superhéroes no son un género. Son una herramienta extremadamente maleable con la que contar todo tipo de historias.

Hay que querer a Simon… era eso o lanzarlo por la ventana…

Convirtiendo grandes errores en aciertos imprescindibles.

Esta es una habilidad que cada día valoro más. Da igual lo mucho que José Luis piense sobre tal o cual decisión creativa. Hasta de las cagadas más grandes de la historia, los buenos guionistas han sacado algunas de las etapas o momentos más memorables. Que alguien decide acabar con Hal Jordan (Maria Luisa, si no sabes quien es, preguntale a José Luis), después llegará Geoff Johns a darle la vuelta a la tortilla y traer la etapa más memorable del personaje. De las malas decisiones tomadas en Resident Evil 6 pueden salir cosas tan maravillosas como Resident Evil Requiem. Dos «trilogías» a las que el tiempo ha tratado mal de Spiderman pueden hacerte llorar en Spiderman: No way home. Todas y cada una de esas malas decisiones son un pilar potencial en el que sustentar tu nueva etapa favorita.

Y todos (no sólo José Luis) pensamos que lo que se hizo en su momento con El Mandarín en IronMan 3 fue una metedura de pata hasta la cadera. Y aún así, gracias a ella hemos podido disfrutar ya en varias ocasiones del personaje de Trevor Slattery (si, Maria Luisa, pregunta a José Luis y llevate algo para sentarte que la cosa va para largo). Es por todo esto y algo más que Wonder Man resulta una serie tan disfrutable. No voy a caer en el tópico de decir que es una obra sin pretenciones, porque poca duda me cabe que alguna pretensión tendrá (entre otras la de conseguir ser vista por la mayor cantidad de gente). No. Es una obra que tiene muy claro lo que quiere hacer, y no se deja desviar por necesidades ligadas a otros proyectos.

Wonder Man coge lo que para muchos no funcionó (un superhéroe desconocido, un secundario odiado por muchos) y a base de buena escritura, de desarrollo de personajes y de reflejar un poquito de cómo funciona el mundo de Hollywood, nos ofrece una comedia tremendamente disfrutona en la que no hay que estar señalando constantemente a la pantalla como Leonardo DiCaprio (cosa que a mi me encanta hacer, en eso soy un poco José Luis). Hoy no hemos venido a revolucionar nada. Hoy hemos venido a divertirnos. Ya haremos lo otro cuando toque.

¿Te acuerdas de aquella decisión tan mala? Menos mal… ¿eh?

Saca lo que llevas dentro.

Los dos protagonistas no están únicamente bien escritos. Están magistralmente interpretados por Ben Kingsley (que se come la pantalla cada vez que aparece, y mira que hay gente que todavía le duele lo de IronMan 3) y por Yahya Abdul-Mateen II; al que te dan ganas de agarrar del cuello y zarandearlo cada vez que se prepara un papel (bueno, a él no, a su personaje). Los poquitos secundarios que les rodean cumplen también la labor de hacer que ambos brillen y la sutil pero efectiva cama musical de Joel P. West que acompaña a los ocho episodios por debajo pone un lazo a un producto bien ejecutado y que no dejará poso (ya sabéis, lo de la taza y tal) pero que recordarás con cariño cuando pase el tiempo.

No hay grandes revelaciones. No hay grandes conexiones. Sólo una comedia ligera en la que refugiarse un ratito cortito durante varias semanas (o darte unas cuatro horitas de golpe p’al pecho, tu verás). Y lo siento si me repito, pero no te requiere ningún tipo de conocimiento previo (eso que te llevas, Maria Luisa), ni te subvierte ninguna expectativa porque ya sería dificil que te hubieras hecho ninguna esta vez, José Luis. No necesita que estés más atento de lo que implica no estar mirando el movil mientras la ves. Y encima, aprovecha para sacar oro de algún pozo oscuro que no acababa de convencer a nadie.

No se le puede pedir más a una obra de entretenimiento. Todo lo que pase la línea que acabamos de trazar, es extra. Y afortunadamente hay muchas obras que nos aportan ese nivel adicional. Ya hemos hablado aquí de muchas de ellas. Nada de eso importa. Porque hoy, aunque sea sólo por un ratito, hemos hablado de Wonder Man y lo hemos sacado de ese rincón secreto que sólo José Luis conoce. Si consigo que te animes a darle una oportunidad, a pesar de que te den pereza los enredos multiversales de Marvel, y encima lo disfrutas como yo; habrá merecido la pena. Si no, habrás aprendido lo que es la respiración cuadrada y eso te será muy últil en la vida…

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