Hace poco (parece más porque de nuevo me he tomado otra temporada sabática de aporrear teclas) comentaba las bondades de la literatura al peso. De cómo en un material de teóricamente menor nobleza, podemos encontrar la felicidad si tenemos claro lo que buscamos, y adaptamos nuestras expectativas a la realidad. La lectura de las novelas de alien, como parte de un proyecto mucho mayor de repasar todo el canon actual de la franquicia de forma exahustiva (en el que llevo más de dos años ya implicado) me está reportando numerosos momentos de felicidad por la vía del «volver a casa» y estar en un «sitio seguro».

Decía también en el último análisis/reflexión, que tal era esa sensación de familiaridad con el universo Alien que en aquella novela casi no era necesaria la presencia de los xenomorfos para poder disfrutar de una historia sumamente entretenida que además derrochara sabor genuino a la franquicia. Con Alien: Cult doblamos las apuestas, ya que cuesta encontrar a las criaturas diseñadas por Giger más allá de la portada (claro, si ahí no las pones, vas a vender mucho tu libro de Alien…). La novela pergeñada por Gavin G. Smith (siempre recordando de qué tipo de producto se trata) nos recuerda a una suerte de True Detective o de Seven (sí, lo se, estoy utilizando dos ejemplos MUY elevados y trascendentes), obras con las que hay que salvar mucha distancia para empatar, pero que sí que comparten elementos.

Siempre he defendido que hay universos ficticios con más facilidad de otros para expandirse y ofrecernos nuevas historias que realmente aporten algo. Nunca hubiera pensado que Alien fuera uno de ellos. Realmente se trata de una franquicia que hace mucho con muy poco. No hay un lore real explotable en las películas (la fuente original) y casi todo lo que se ha desarrollado se ha construido en torno a novelas y cómics. Y aún así, cuesta no pensar que al final se trata de la misma historia contada una y otra vez hasta la saciedad. Y en general, durante muchas novelas, es la sensación que he tenido. Dame más de lo mismo, papi, que yo aquí estoy cómodo. Sin embargo, grata sorpresa están siendo estas últimas iteraciones, que deciden dejar de lado los tropos más habituales para probar cosas nuevas sin perder un sello de identidad claro.

… de una confederación intergaláctica de Ganímedes, de Constelación Orión, de Raticulín…

No estoy diciendo que Alien: Cult sea una obra redonda. No lo es; ni de casualidad. Tiene algunos fallos (especialmente en el tercer acto) por los que acabaremos pasando más adelante. Pero creo que aporta más de lo que pudiera restar (y tampoco creo que la parte negativa sea tan representativa como para afirmar esto). Creo que pesa muchísimo más todo lo que consigue intentando hacer una historia de crímenes y sectas que encima utiliza como gancho para encajar con el resto de la franquicia, elementos completamente tangenciales pero tremendamente atractivos.

Para aquel que no conozca demasiado de lo que se cuenta por los mentideros de Alien. En varias novelas y cómics (y en mayor profundidad en el juego de rol) se especula mucho sobre cómo se comunican los xenomorfos entre si. Resulta muy bonito que la explicación «oficial» dentro del propio universo no esté establecida; y a cambio tengamos un par de teorías especuladas por aquellos personajes que han podido estudiar a las criaturas en profundidad. Mientras que algunos especulan sobre la posibilidad de que utilicen las feromonas para relacionarse (algo bastante lógico dada cuenta de la inspiración en las hormigas de la criatura) otros plantean que quizás la Reina pueda utilizar algún tipo de habilidad psiquica o telepática.

En el universo de Alien además contamos con «soñadores profesionales». Cuando uno pasa meses durmiendo en cápsulas de hipersueño, a veces es mejor utilizar la capacidad de algunas personas para tener sueños lúcidos que te distraigan en ese estado onírico. Se cuenta que estas personas tienen una sensibilidad mayor que las personas normales y pueden llegar a percibir cosas que los demás no. Son estos soñadores los que se rumorea (siempre dentro de las reglas del patio de juego de Alien) que llegan a percibir en forma de sueños mensajes o sensaciones provenientes de una Reina «cercana» (incluso a años luz de distancia). Si juntamos esto, con un poco de transhumanismo, y el cyberpunk corporativo que plantea la franquicia, no necesitamos muchas cosas más en la cocktelera para obtener algo potable.

… mi nombre es Christopher… fiú, fiú…

Alien: Cult funciona bien en lo detectivesco. El culto de tarados supuestamente implicados en el crimen cumplen a la perfección su cometido. Son aterradores, inquietantes, muy culpabilizables de primera hora y encajan perfectamente con los tropos de Alien y Prometheus. Toda la novela te mantienes intrigado intentando averiguar qué está pasando. Pero desgraciadamente el tercer acto se desinfla rápidamente. O más bien debería decir que se precipita. Parece que ese acto de valentía de decidir mantenerse en la vía de servicio de la franquicia se achanta ligeramente y en los últimos capítulos volvemos forzadamente a los tropos habituales. Una decisión que afecta negativamente al ritmo de la novela.

No se si será porque mi inglés llega hasta donde llega o porque las decisiones finales se sienten ligeramente forzadas. Pero la sensación de volantazo incluso afecta en la comprensión del misterio a resolver. Uno no termina de tener claro por qué ha pasado lo que ha pasado. O más bien comprendes lo que ha sucedido, pero no qué es lo que tiene que ver con nada. Lo cual es una pena, porque creo que el misterio tenía chicha suficiente por sí mismo. Y la verdad es que los personajes están muy bien escritos con sus interacciones alimentan perfectamente el motor de la novela.

Quizás como novela fuera del fenómeno fan no sea de lo más recomendable, hay otras novelas del estilo que funcionan bastante mejor. Pero si estás dentro de lo que ofrece la saga más allá de las películas; se trata de una lectura super recomendable al ser de las más originales que te puedes encontrar actualmente (no son pocas las que ya se han publicado en esta nueva etapa). Como siempre con estos productos, más de lo mismo (salvo que en esta ocasión no del todo). Y eso no sólo no es algo negativo, si no que es lo que muchos buscamos. Un pedacito de felicidad en forma de papel y tinta.

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