Creo que hay géneros que son complicados de hacer mal a poco que le ponga uno una pizca de empeños. No me he topado en los años que llevo viendo películas con una de robos que sea mala. Y aunque no estoy tan seguro con lo siguiente, creo que tampoco me he encontrado con un whodunnit que me haya parecido aburrido. Quizás algunos más olvidables que otros, posiblemente alguno menos enrevesado que mostraba sus cartas antes de tiempo. Pero salir lamentándome de haber visto alguna cinta del género se me antoja casi imposible.
Ambos estilos de narración implican construir la estructura de atrás hacia adelante. La clave reside en el rompecabezas. Eso es lo que las hacen tan atractivas. Una madeja bien enrevesada que se va desenredando poco a poco con cada nueva pista en el caso de la resolución del misterio. Una tarea imposible de acometer y aún así factible gracias al ingenio y la imaginación. Mientras más imposible y más enrevesada la tarea, más enganchados y más atentos estaremos. Pero el misterio (o el robo) no lo son todo, también suelen ser obras corales (sobre todo los misterios, que sin sospechosos no hacemos nada).
Este es el elemento que hace que lo de adivinar quién lo hizo realmente vuele en las cotas más altas. El tratamiento de personajes tiene que ser impecable. Todos tienen que estar perfectamente definidos y desarrollados, puesto que no sólo tienen que ser fácilmente reconocibles en todo momento; también tienes que creer hasta el final que todos tenían motivos para cometer el crimen (o en el que caso de los robos, que son expertos en algo necesario para cometer el robo). Y es aquí, queridos amigos, donde las películas de Knives Out brillan especialmente.

El nombre es Blanc… Benoit Blanc…
Empecemos por el «protagonista» (luego explico las comillas). Un Benoit Blanc interpretado por Daniel Craig de forma más divertida con cada película de la saga que pasa. Rian Johnson, al contrario de lo que se le acusa con su trabajo en cierta saga de disparitos y fantasía, entiende muy bien el material con el que trabaja siempre. Y con Knives Out sabía que la clave no residía únicamente en presentar un gran misterio con una caterva de sospechosos para el recuerdo (cosa que hizo magistralmente), necesitaba un detective a la altura del reto. Un personaje no sólo con una inteligencia prodigiosa para justificar que el misterio imposible se revelara finalmente, si no con una personalidad marcada y reconocible que con el tiempo lo pudiera situar a la altura de Sherlock Holmes o Hercules Poirot.
Quizás en la primera película no se apreciara que las bases estaban ahí, pero vaya si el personaje se está ganando el puesto a pulso con cada nueva entrega. Si Wake Up Dead Man no es de las tres la película donde más divertido está, a pesar de no ser realmente el protagonista, puesto que toda la trama y el desarrollo de la misma giran en torno al Padre Jud (de ahí las comillas previas); poco le falta. Cierto es que aquí se declara abiertamente anticlerical y a nadie le amarga un dulce. Pero de verdad que creo que tiene los mejores momentos del personaje de la forma más natural.
Y retomando momentaneamente lo de mirar mal al clero. Me parece de locos el juego estructural que está planteando la saga de dejar en evidencia a diferentes estratos de la alta sociedad. Casi uno podría aseverar que el mensaje vendría a ser algo así como «los ricos son malos, se merecen todo lo que les pase, posiblemente si no, no serían ricos». Un lugar muy confortable en el que quedarse si no eres rico. Y seamos sinceros, si estas leyendo esto, rico no eres…

Un médico, una abogada, una violonchelista, un político y un escritor entran en una iglesia…
Lo que me lleva de nuevo al reparto de sospechosos. No se si por suerte o por magnetismo (porque tampoco tengo claro el talonario del que disponen estas películas), pero la saga de Knives Out tiene la suerte de contar con un reparto de grandes actores (más que grandes estrellas) para su patulea de gente de bien con ínfulas (más malos que la quina todos). En esta Wake Up Dead Man no se hace una excepción y cada minuto de interacción entre los diferentes sospechosos, ya sea entre ellos o con los investigadores, es completamente sublime. Todos y cada uno de ellos (y especialmente ellas) llevan a cabo unas interpretaciones magistrales.
Porque como decía antes, si no te crees a los sopechosos, por muy elaborado que resulte tu misterio imposible, nada se sostiene. Y no olvidemos que siendo todos sospechosos, últimamente sólo uno (o algunos) de ellos es el culpable, y el resto se acaba viendo envuelto en el fuego cruzado. Siendo incluso, a lo mejor nuevas víctimas de la situación. Mucha atención a Rian Johnson, que ya llevo tiempo diciendo que se trata de un tío con mucho talento y que por molestar a determinados fans se le mete mucho el dedo en el ojo y con cada nueva obra no hace más que callar bocas (a algunos, ya sabemos que desgraciadamente no los calla nadie).
Wake Up Dead Man es una de esas películas que no te la acabas. Que juega a subertir (que se note el colegio de pago) las expectativas. Te pasas media película pensando «claro, va a pasar esto, no se a qué tanto misterio» y de repente no te ves venir el zasca y nada era lo que parecía. Aquellos que quieran rascarle además un poco a la cinta, que disfruten fijándose en cómo el director juega con el punto de vista y el montaje. Nada revolucionario pero extremadamente eficaz. Que bien que Netflix quiera apostar por la saga de Benoit Blanc, porque gracias a eso espero que tengamos más. La pena es que sea Netflix la responsable, porque a la vez, realmente no tenemos nada, y estas tres películas merecen estar en la estantería de tu salón.



