En esta vida se puede ser muchas cosas, pero cuando te expresas ante los demás de forma artística, lo peor que te puede pasar es ser impersonal. Creo que muy por encima de tener un arte más bonito, más atractivo o feísta; radica la habilidad de que tu arte sea reconocible de un primer vistazo. Se trata de un pilar fundamental sobre el que después puedes construir más o menos alto, con mayor o menor gracia; ya en base a tu calidad como autor. Pero si al abrir un libro, escuchar una partitura, o ver una escena, tu público reconoce tu firma, tienes muchísimo ganado como autor y como artista.

Y si tu estilo es reconocible incluso antes de que alguien lea alguna de tus obras, únicamente en base a divulgación y vistazos esporádicos de tu trabajo en diferentes medios… Amigo, probablemente seas un fuera de serie. Es esto mismo lo que me viene sucediendo desde hace meses con Guillaume Singelin. Un autor del que no había leído nada antes de enfrentarme a este PTSD y que no sólo ya me tenía enamorado; se había vuelto perfectamente reconocible incluso en la distancia. Tanto se ha dado esta circunstancia, que este libro ha acabado llegando a mis manos porque no paraba de recomendarlo aún sin haberlo leído. Una apuesta muy arriesgada por mi parte, siendo el ejemplo perfecto de lo que nunca se debe hacer.

Afortunadamente me alegro mucho de que las expectativas se hayan cumplido y mi instinto no me haya defraudado. Sin ser una obra revolucionaria, PTSD es una obra que merece toda vuestra atención. Y si el tema del Síndrome de Estrés Post Traumático no es plato de vuestro gusto, que sirva al menos para que conozcáis a este dibujante (en esta ocasión, autor completo) que tiene muchísimo que decir no sólo a nivel gráfico, si no también narrativamente.

El mensaje de la obra es innegablemente duro, pero creo que al final predomina el optimismo…

Para sobrevivir a la guerra, tienes que convertirte en guerra.

PTSD cuenta muchísimo únicamente con su estilo gráfico. Y lo hace desde el contraste. Narrando con crudeza mientras se sustenta en un estilo visual completamente adorable. La influencia del manga es innegable, pero más allá de limitarse a imitar el estilo de dibujo oriental, recoge alguna de sus características fundamentales para incorporarlo a su propio estilo de dibujo, enriqueciendolo y elevándolo hacia un lugar completamente propio y ajeno a todo lo demás. La historia de PTSD aunque cuenta con sus momentos bellos, es de una dureza desgarradora en ocasiones. Sin embargo, la luz, el color y la belleza visual, están colisionando en todo momento contra el drama en una combinación tremendamente original.

No puedo entrar a valorar en calidad de profesional si el Síndrome está bien tratado (mi psicóloga residente aún no se ha sentado a leerlo) pero si que desde el desconocimiento de alguien que piensa en Rambo cuando le hablan de Estrés Post Traumático, aprecio mucho con la finura y la elegancia con la que se trata el problema en esta ocasión. Si. Podemos presenciar la clásica escena en la que un golpe fuerte desencadena en la protagonista recuerdos aterradores. Pero también presenciamos un momento delicioso (siendo extremadamente cursi el adjetivo) en el que la protagonista nota determinada mejoría al llevar a cabo una acción en concreto (tranquilos que no os desvelo nada).

Y es que la palabra que quizás defina mejor a PTSD es el optimismo. No únicamente por su dibujo de carácter caricaturesco (toma aliteración). En general todo el mensaje de la obra es esperanzador. Y eso no nos exime de, como indicaba antes, momentos verdaderamente crudos. Las referencias están ahí. No hemos visto pocas películas que remedan las consecuencias de conflictos como la Guerra de Vietnam para aquellos que corrieron a la lucha raudos y volvieron para encontrarse cerradas todas las puertas de su vida. Quizás por la influencia visual oriental nos encontramos ante algo ligeramente más exótico

Es el contraste entre crudeza y estilo adorable el que convierte a esta obra en algo único…

Yo quiero lo que ellos quieren… que nuestro país nos quiera tanto como nosotros lo queremos.

Lo bueno de PTSD como obra, es que es de esas que tienen varias capas. No porque tenga diversos giros de tuerca que permiten profundizar en ella hasta un nucleo recóndito al que sólo unos pocos privilegiados intelectuales pueden acceder. Me refiero más a que es una obra disfrutable desde diversos enfoques. Diferentes pero compatibles entre sí. Es de esas pocas obras que funcionan en lo visual si quieres ignorar por completo la palabra escrita (porque recordemos que también se narra con las imágenes, y en este caso PTSD es muy poderosa narrando gráficamente). Puedes ignorar la parte visual y centrarte en el mensaje político y social. Puedes empaparte de drama. O quedarte con los momentos más dulces, que también los hay.

Me parece que en esta ocasión nos encontramos ante una obra muy redonda y bien ejecutada. No alcanza cotas de grandeza de otras obras, quizás más relevantes, pero aún así resulta ejemplar en todos y cada uno de sus aspectos. Es verdad que estando enamorado del estilo gráfico de Singelin desde hace ya mucho tiempo, no estoy siendo el más objetivo del mundo. Tampoco pretendo serlo. Pero creo que en un ejercicio de honestidad, por mucho que me enamorara el dibujo, me podría haber aburrido o chirriado de alguna forma. Sin embargo no ha sido el caso. Y eso que mi obsesión era tal, que todavía siento que me tendría que haber gustado aún más de lo que ha hecho.

PTSD es de esas obras que puedes recomendar tranquilo. Sabiendo que su estilo es tan personal. Que quien quiera darle una oportunidad sólo tiene que ojearlo para saber si se quiere meter o no en ese jardin. Ya a partir de ahí sólo se puede sumar con el resto de elementos narrativos. Pero como mínimo sabes que vas a estar bien el rato que te lleve acabar el libro. A mi, desde luego, se me abre una puerta que llevaba tiempo queriendo cruzar. Que no se sorprenda nadie si en el futuro comentamos por aquí más obras del autor francés. Porque en mi corazón ha nacido una relación a largo plazo…

Ya en las primeras páginas queda claro lo jodido que es el trastorno…

Tendencias