La de hoy es una película inusual. Y una que suele arquear cejas cuando la gente me oye recomendarla. A fin de cuentas, ya tenemos una edad, ¿verdad? Y no debe estar bonito andar recomendando películas de adolescentes (aunque no hay un actor de la película que no ronde la treintena) que lo único que quieren es mojar el churro a toda costa. Aunque si en vez de Porky’s me pongo a recomendar American Pie esos prejuicios (aún teníendolos) nos lo guardamos más. Porque claro, American Pie marcó a toda una generación, con su escena con la tarta de manzana, su sexo tántrico, la madre de Stifler…
Pero hay una realidad, y es que American Pie probablemente no podría haber existido sin Porky’s. No tengo pruebas de esto, pero tampoco ninguna duda. Sólo me respaldan las matemáticas. Y es que Porky’s precede a la tarta de manzana por casi una veintena de años. Si os digo que en 1981 ya podíamos ver una película bastante similar en cuanto a concepto, pero (respetando a la comedia magistral que es American Pie) muchísimo más moderna, cuando algunos de nosotros ni siquiera habíamos nacido aún… Espero que me reconozcáis que al menos da que pensar…
Hoy no voy a defender que Porky’s sea una obra maestra. No es seminal (bueno, un poco sí…). No es trascendental. No es digna de estudio. Y no te va a cambiar la vida. Pero vive dios que lo que me rio con esta película cada vez que la veo; y el cariño que le tengo a sus personajes, aún con la guantá con mano abierta que les daba a todos; no es ni medio normal… Eso hay pocas comedias, y aún menos películas que me lo sigan dando a día de hoy visionado tras visionado. No es una cinta que me siente a ver cada dos por tres, pero si que es verdad que una vez al año, Porky’s no hace daño.

Pee Wee, Billy, Tommy, Micky, Tim, Wendy y Cigarro Puro.
Estamos en la década de los 50, en Angel Beach. Y nuestros protagonistas son una panda de adolescentes (o eso nos quieren vender) cuya mayor preocupación es gastarse bromas pesadas y mojar el pizarrín. No voy a entrar a analizar que tal ha envejecido la premisa en nuestros días. Pero seamos honestos. A día de hoy estoy bastante seguro que es en lo único que siguen pensando los adolescentes prácticamente todo el día. Y la película es honesta desde primer minuto. Arrancamos con el bueno de Pee Wee amaneciendo con una erección y su primer objetivo nada más levantarse es medirsela y apuntar la información en su gráfico de crecimiento.
La película no se esconde en ningún momento y tampoco voy a hacerlo yo. Ya saben los que me conocen que soy tontísimo y como tal, me gusta la tontería. Y si la tontería está bien tirada y es honesta consigo misma, dale p’alante José Luis. Está claro que la principal fuente de conflicto (y por lo tanto de comedia) está entre la mente calenturienta de los muchachos y la mojigatería de sus profesores (no de todos, pero sí de los suficientes). La mayoría de los gags o situaciones cómicas viene de las bromas que se gastan los amigos (y las amigas) unos a otros una vez y otra y otra. Sin embargo, y sin que yo venga a defender ciertas prácticas mal vistas en los entornos escolares contemporáneos, quiero hacer una defensa de la película.
Es aquí donde Porky’s puede haber envejecido y levantar alguna bandera roja. Aunque deberíamos partir de la base, en primer lugar, de que las películas no deberían ser ni ejemplarizantes ni moralizantes. Y que en segundo lugar, se estrenó en 1981 y se ambienta en los años 50. Nadie está a salvo de las bromas en este grupo de amigos (aunque casi diría que en todo el instituto) y no resultaría dificil llegar a hablar de bullying sin mantenemos determinada rigidez de mente. Decía un sabio «que el humor es humor si el que recibe la broma se ríe, si no, es abuso». Y esto es precisamente lo que refleja esta película. Incluso viendo lo elaboradas y pesadas que son algunas de las bromas que se gastan los amigos, todo el mundo se ríe con ellas, y queda claro desde el primer minuto que «nadie está a salvo» y que no es fijación por el miembro más débil de la comunidad, si no una dinámica de grupo consentida por todos y animada por las revanchas y las oportunidades aprovechadas.

Uy que serio me está quedando esto…
De verdad que por cubrirme las espaldas estoy haciendo parecer a la película mucho peor de lo que es. Pero corren los tiempos que corren y afortunadamente hemos tomado conciencia sobre ciertos problemas. Y eso es otra cosa maravillosa de esta película. Ya en 1981 se para, entre broma y broma, para plantear y analizar situaciones como el racismo, el maltrato, el abuso, y por supuesto el doble rasero de la moralidad. De verdad que vine por los jajás y me quedé por lo que quiero a este grupo de chavales que si bien tienen la mentalidad calenturienta y afilada, tienen un corazón de oro.
El problema de recomendar humor, es que si digo que esta película tiene algunos de las escenas cómicas con las que más me he reido (especialmente acompañado) ya estoy estableciendo un listón muy peligroso. Porque cuando el humor nos choca, genera rechazo, y levantar las expectativas sobre una comedia puede provocar un odio cerval si luego nuestro receptor no consigue conectar con lo que se propone. Así que de nuevo, quiero intenar dejar las cosas medianamente bien medidas. Porky’s es una gran comedia, de humor soez (que no escatológico) y que encima tiene la suerte de tener alma y aprovechar la risa para tratar algunos temas serios. Pero que nadie se espere una revolución de la comedia ni una joya oculta que se ha estado perdiendo.
Si a pesar de este tira y afloja te animas a ver Porky’s (en el caso de que no la conocieras o de que al verla en su día no te hubiera transmitido las mismas sensaciones que a mi) me harás una persona un poquito más feliz. Porque de verdad creo honestamente en la sinceridad de su propuesta y es una cinta, que sin saber muy bien por qué (a pesar de haber intentado descubrirlo escribiendo estas líneas) me llena de felicidad cada vez que alguien decide sentarse a verla conmigo. Espero de corazón que tú seas el próximo…




