Desempolvando viejas lecturas, como si de una tumba maldita se tratara, vuelve a mis manos este viejo recopilatorio de las aventuras de Indiana Jones en formato cómic. Una lectura heredera de tiempos más sencillos en la que simplemente éramos felices por disfrutar de más historias protagonizadas por el doctor Jones. Probablemente (porque aunque lo parezca, no he nacido siendo viejo) en aquella época, nos daba más igual saber como conectaba todo con todo, o si era realista que existieran hormigas gigantes asesinas, o se podía hacer esgrima a caballo entre dos jeeps.
Aquí lo que importaba era tener un libro en las manos, que en la portada pusiera Indiana Jones y que dentro estuvieran el látigo y el sombrero. Todo lo demás era accesorio. Y si era de calidad, también bienvenido. Resulta curioso como tras la compra de Lucasfilm por parte de Disney, todo el empeño estaba en explotar la franquicia galáctica de la empresa mientras que otros tesoros igual de brillantes permanecían enterrados o cogiendo polvo en las estanterías del almacen de algún museo. Y es que desde que se hiciera el cambio de manos en 2012, sólo hemos tenido una película y un videojuego y además tremendamente recientes.
Es verdad que el caso de Indiana Jones parece ser el de «menos es más», ya que tanto la película de Indiana Jones y el Dial del Destino y el videojuego Indiana Jones y el Gran Círculo han resultado ser dos productos extremadamente buenos, y sobre todos, fieles a la esencia del arqueólogo. Pero es verdad que nuestra ansia viva quiere más, y si no pueden ser nuevas aventuras, tampoco le haríamos asco a que Marvel Cómics reeditara algunos de estos comics antiguos. De momento habrá que conformarse con la nostalgia y acudir a el rescate de nuestras antiguas bibliotecas los que podamos disfrutar de ellas.

Pero, ¿lo de Atlantis no era un videojuego?
Si, efectivamente. La famosa «cuarta película nunca rodada», Indiana Jones and the Fate of Atlantis (nosotros como somos así de maravillosos cambiamos el destino por las llaves que vendrán a ser lo mismo; o quizás por que Atlantis está bajo el mar y en el fondo de ese mismo mar están las llaves, matarile rile rile…). Este primer Omnibus recopila, de forma escueta, sin ningún tipo de extra, ni recopilación de portadas (de lo mejor de las series, pues imitaban el estilo de Drew Struzan) tres aventuras diferentes. La primera de ellas es la adaptación a cómic del famoso videojuego de LucasArts.
Aunque argumentalmente es la más potente de las tres historias aquí mostradas, quizás sea la más olvidable de las tres. Principalmente por tratarse de una aventura adaptada de otro medio que además es de lo mejor que se ha hecho en su género. Difícilmente podría recomendar la lectura de la versión de cómic pudiendo acudir al material original. Aunque como siempre, si no tienes esa opción, tampoco es pecado disfrutarla de esta manera más gráfica. El problema es que se comprimen demasiadas horas de juego en apenas cuatro episodios, haciendo que la acción salte de localización de forma accidentada y atropellada. Aún así el material original es tan tremendamente bueno que como si lo metes en una galleta de la suerte china, sigue siendo de lo mejor que se ha hecho de Indiana Jones.
Las otras dos historias ya nos ofrecen material inédito. Siendo Tormenta en Oriente una continuación directa de los acontecimientos de Las Llaves de Atlantis (matarile rile rile…). Y es que en esta historia de seis epidodios volvemos a contar con la presencia de Sophia Hapgood, la coprotagonista femenina del videojuego y un personaje importante en la vida de Indiana casi al nivel de nuestra querida Marion. También encontramos una suerte de Tapón en el personaje de Khamal, un pilluelo que se unirá a la aventura donde recorrerán media Asia buscando la Alianza de Buda. Curiosamente la aventura más larga del libro es la única que no tiene tintes ni elementos sobrenaturales.

No creo en la magia, pero a lo largo de mi vida he visto cosas que no puedo explicar.
La Alianza de Buda no es una de ellas, ¿verdad Indy? En este caso, se trata de un documento sagrado, escrito por el mismo Buda, que tendría un enorme poder, pero político. Quien posea este documento, podría unir a las miles de diferentes sectas o cultos budistas que pueban toda Asia y unificarlas bajo una misma bandera. La historia resulta interesante porque volvemos a Asia después de Indiana Jones y el Templo Maldito (de ahí que las similitudes de Khamal con Tapón sean todavía mayores) donde de nuevo la recorreremos a salto mata de episodio en episodio al mas puro estilo de las películas gymkhama que son las cintas del arqueólogo.
En la tercera aventura nos vamos a sudamérica en busca de Chimu Taya, una figura de oro que da nombre a la aventura (El brazo de oro). Es quizás la más floja de las tres, pero de nuevo, es más Indiana Jones; así que la coges y te la bebes con fruición igualmente. Además, mientras que Fate of Atlantis y Thunder in the Orient son secuelas a La Última Cruzada; en el caso de El brazo de oro volvemos a 1937 entre la primera y tercera películas. Me centro más en todos estos datos anecdóticos, porque a fin de cuentas, las tres historias, tanto a nivel de guión como de dibujo son bastante normalitas. Y creo que su aportación a la franquicia tienen más relevancia en tanto en cuanto son nuevas aventuras que porque sean realmente historias que dejen poso o huella.
Aún así, como decía al inicio de esta reflexión; quizás se nos antoja una serie poco explotada, la de Indiana Jones. Y eso que hemos tenido serie de televisión (no especialmente memorable) donde disfrutar de las aventuras del jovencito Henry Jones Jr. Al final, todas estas nuevas historias, recuerdan mucho a aquella serie, ya que mantienen el tono y no hacen si no añadir episodios con el saborcillo adecuado que recuerdan más lo maravillosas que son las películas (y quizás alguno de sus videojuegos) y como desearíamos que Harrison Ford fuera inmortal para seguir ofreciendonos nuevos relatos con el personaje.





