Nadie duda de que Pokémon es a día de hoy una de las franquicias más rentables del mundo. A nadie sorprende tampoco que lo sea, no por vender videojuegos, si no por toda la mercadotecnia derivada de ellos. Ya sean peluches, juegos de cartas, muñecos o platos con la cara de Pikachu. No todo el mundo se sabrá las 1.025 especies actuales de bicho, pero sin duda, pocos serán los que no reconozcan al ratón eléctrico y algunos de sus compañeros.

He dejado aparte deliberadamente el mencionar la serie de animación; verdadero boom mediático en todo el mundo a finales de los 90. Las aventuras de Ash Ketchum y compañía nos han enseñado más y más del mundo de los Pokémon durante 276 episodios emitidos en la friolera de casi treinta años. Y aún así, muchos nos preguntábamos por qué The Pokemon Company no estiraba aún más el chicle. Es verdad que hemos contado con 22 películas de animación derivadas de la serie de animación original. E infinidad de cortos o pequeños proyectos inspirados en estos monstruos de bolsillo.

Es verdad que los japoneses son muy protectores con sus franquicias. Mientras que Games Workshop vende el cuarto y mitad de Warhammer por dos duros para que te hagas tu videojuego o tu seriecita animada, niña; los de Nintendo se lo han pensado muy muchísimo más a la hora de dejar que venga alguien de fuera a meterle mano a sus criaturas. Una realidad que lentamente parece estar cambiando. Con el éxito de las películas de Pokémon: Detective Pikachu y Super Mario Bros.: La película, parece que los de Kyoto van confiando en el potencial de sus franquicias más allá de sus cuatro paredes primigenias. Pero, ¿tiene interés una serie sobre un hotel en un mundo que se basa principalmente en coleccionar bichos de colores?

Bienvenido al Complejo Hotelero Pokemon, está prohibido llevarse a los bichos a casa…

El slice of life más achuchable.

Uno de los puntos más interesantes que ha tenido siempre la franquicia, pero que se ha explotado muy tímidamente reside en la implementación de unos diseños de monstruitos completamente alucinantes (siguen estando muy por encima de cualquier otra franquicia similar como Digimon, Yu-Gi-Oh!, Yokai Watch, Bakugan o similares), A NIVEL DE DISEÑO, José Luis, que ya te estoy viendo levantar la mano, dentro del día a día de la vida en la ciudad o el campo. Me explico.

Aunque la serie original de vez en cuando nos mostraba ligeramente como era eso de vivir en un mundo lleno de monstruos de bolsillo, cuando la policía se ayuda del olfato de los Growlithe para hacer cumplir la ley, o el cuerpo de bomberos utiliza Pokémon de agua para poder apagar los fuegos, como los Machamps ayudan en el sector de la construcción, y un largo etcétera. Cuando Ash se liaba a «hacerse con todos» tenía la suerte de contar con el patrocinio de un señor mayor con mucho espacio libre en el que tener correteando a las ciento cincuenta y pico criaturitas en su rancho. Pero, ¿Cómo lo hace un entrenador de ciudad que vive en un piso de 30 metros cuadrados? Tonterías que en cualquier otra franquicia, harían tambalearse la suspensión de la incredulidad, pero que en Pokémon hacen que empiece a brotar petróleo a poco que empieces a rascar.

Y esa es la genialidad de La Conserje Pokémon. El ofrecernos el día a día cotidiano de estas maravillosas criaturas mientras disfrutan de unas merecidas vacaciones en un resort de lujo. Magikarps que no saben nadar y requieren de asistencia del staff. Eevees aficionados a cambiar de estilo en la peluquería del resort. Sealeos en busca de esparcimiento. Pikachus amantes de tirarse en flotador por las laderas de hierba… En La Conserje Pokémon se le da la vuelta a ese concepto de la serie de animación, donde en lugar de coleccionar a los animales inventados, se convive con ellos, llevándonos a un lugar muy bonito en el que los amantes de la marca, disfrutamos imaginando como sería vivir en un mundo así.

Haru es la protagonista,, y Psyduck su compañero. Ella tiene ansiedad, y a él le duele la cabeza. Me identifico con los dos…

¡Fieltro! ¡Te elijo a ti!

Es algo que a muchos dará igual, pero los que recibimos a nuestro primer Pokémon en edad de merecer, siempre nos hemos preguntado como sería realmente ir de aventuras con él. Pero ese concepto en el que un chaval de diez años puede dejarlo absolutamente todo e irse a patear mundo, engrosar su lista de cargas familiares y ganar medallas. Pues económicamente no se sostiene por mucha suspensión de la credulidad que decidamos aplicar. Sin embargo, esto juega en un lugar mucho más cercano, mucho más factible en nuestras fantasías.

Si a este reclamo tan atractivo para aquellos que deseen dejarse seducir le añadimos que la serie, visualmente es una delicia. Hecha por completo en stop-motion (muñequitos animados), pero alejada de la creación por plastilina tan característica de otras marcas como Wallace & Gromit. Tanto los humanos, como los Pokémon son muñecos animados, en los que, debido a los pelajes naturales, están casi todos recubiertos de fieltro. Esta te la regalo, The Pokémon Company, pero una colección de muñecos de esas características…

Además de todo esto, la serie cuenta con mensaje moralizante para los más pequeños de la casa. Utilizando a los animales como vínculo de ideas tales como la superación, el conocerse a uno mismo, el divertirse trabajando, aceptar a los demás como son, saber aprovechar lo que convierte a uno mismo en especial, etc. Ver a los miembros del Complejo Hotelero Pokémon trabajar da envidia, no sólo se lo pasan de miedo, es que encima lo ganarán bien y todo los malditos…

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