Y finalmente llegó el día. Después de muchos años especulando sobre su nacimiento, Nintendo nos puso en tiendas la Switch 2 hace ya algunos meses. Y básicamente en casa hemos rellenado el uso de la máquina principalmente con un único título: Mario Kart World. No deja de resultar curioso, que fuera uno de los juegos a los que más horas dediqué en los compases finales de la primera Switch, gracias a aquél pase de temporada (gratuito para los suscriptores del online) que todos los meses no brindaba cuatro nuevos circuitos y un puñado de personajes fresquitos.
Quizás este salto tan directo entre Mario Kart 8 y Mario Kart World me haya entorpecido los primeros compases de la nueva entrega (qué puedo decir, soy lento aprendiendo). El cambio de paradigma en la saga es real, y aunque pueda resultar sutil, abre realmente un nuevo mundo (pun intended) de posibilidades para el corredor a los mandos de los karts, motocicletas, triciclos, quads, lanchas y marchimotas disponibles. La premisa, que al principio se asocia a lo que pudiera ofrecer un Forza Horizon, realmente tiene más en común con cualquier juego de Mario 3D creado hasta la fecha como Super Mario Odissey, Super Mario Sunshine o Super Mario 64, pero ya llegaremos a esto.
Mis primeras horas en Mario Kart World fuero ligeramente agridulces. Con esa memoria muscular adquirida de la octava parte donde todo era derrapar, derrapar y derrapar, uno se siente completamente inútil viendo a los demás corredores correr por las paredes, dar saltos por barandillas y raíles de tren, sin tener muy claro si cargar un salto o dejar que la aceleración natural del coche siga su curso… El modo abierto también resultaba una cosa extraña, porque una cosa es explorar el mundo con tu espada, tu escudo y tu paravela, y otra muy diferente es hacerlo al volante de un cochecito de juguete.

Te sacas el carné y no sabes ni por donde se coge el volante.
Vamos a repasar un poco los contenidos, creo que de esta forma también podré explicar un poco como ha ido evolucionando mi relación con el juego. Que, siendo honesto, como siempre pretendo, después de 75+ horas de juego no es que pueda decir que no me haya gustado. Me parece una experiencia casi redonda, achatada solo por un par de aspectos que se hubieran evitado con un par de mejoras de calidad de vida super tontas, que además estoy convencido de que llegarán con el tiempo.
El modo Grand Prix. Las carreras de toda la vida. Una copa con cuatro circuitos que batir, en esta ocasión con hasta 24 corredores. Una experiencia bastante similar a la ofrecida por Mario Kart 8. Ya que el numero aumentado de corredores sólo hace un poco más caótica la salida ya que en cuanto te desmarcas, realmente estás compitiendo contra la cabeza de carrera, y una probabilidad mucho mayor de recibir un conchazo azul en el momento más inesperado. Se echa en falta la presencia del modo 200cc pero realmente cuando empiezas a analizar la estructura del juego y como funcionan sus circuitos descubres que era una locura que no tenía mucho sentido en el nuevo mundo de Mario Kart.
Lo que si resulta extraño es el nuevo formato de circuitos, siendo el primero de cada copa el único que corres en una estructura cerrada. Luego pasas a viajar por el mundo, llegando a cada nuevo circuito dando una única vuelta para cerrar la etapa. Pistas mucho más largas, mucho más rectas y mucho más anchas, donde aprovechar las irregularidades del terreno es clave para acelerar ese par de segundos extra tan necesarios, pero ello implica salirse de la trazada perfecta. Una mecánica riesgo/recompensa con una curva de dificultad complicada si solo piensas en saltar y derrapar como en entregas anteriores.

Sólo puede quedar uno…
El modo Supervivencia es divertidísimo. Una larguísima carrera (equivalente a 6 circuitos) que recorre medio mundo de Mario Kart World donde lo difícil no es evitar ser eliminado. Conseguir las 3 estrellas implica quedar el primero en cada etapa y aquí la máquina se desmarca a poco que parpadees al doblar una curva. Con sólo estos dos modos tienes para unas 30 horas de juegos mientras intentas sacar las tres estrellas de rigor en todo y desbloquear el modo espejo, que te da un ratito más de diversión antes de probar la gran novedad.
Es cuando saltas al mundo abierto cuando la cabeza empieza a darte vueltas, cuando la frustración te sube desde la base del estómago y cuando te planteas realmente que estás haciendo con tu vida, y si ha merecido pagar el dineral que Nintendo ha decidido que vale el juego. Ahora, sin haber desbloqueado el 100% de los contenidos propuestos (porque Nintendo pasa de Trofeos y Logros, pero a pegatinas te cruje sin piedad, más de 1000 para desbloquear entre pitos y flautas). Quedo muy satisfecho. He pasado MUCHO tiempo jugando. Y me he divertido MUCHO haciéndolo. Y todo, sin tocar el online aún, que creo por el par de partidas que le he dado de prueba, que es donde realmente brilla el numeroso volumen de corredores.
Pero hablábamos del mundo abierto. Porque sin decirte absolutamente nada, y con un mapa terrorífico, intuyes que tienes que encontrar unos botones azules con la letra P, y que cada botón te propone una prueba (394 en total), en el mapa, que cada circuito central tiene una serie de paneles con un (?) que pisar. Y existen 200 medallones de la Princesa Peach escondidos por el mapeado. Y automáticamente piensas, esto en un juego de Ubi me lo pondrían bien clarito en el mapa para encontrarlo todo. Pero no, aquí te toca quedarte a vivir dentro del juego o tirar de mapas y guías de ayuda (que es lo que he hecho yo).

Super Mario Coches Mundiales.
Iba a terminar ya, pero el dichoso modo libre, o de mundo abierto, merece que nos paremos un par de parráfos más. Ya que si no lo hacemos, contaremos con un Mario Kart 8 the sequel. Cuando, lo que realmente hemos recibido por 90 euros, es un nuevo Mario 3D sin saberlo. Los famosos interruptores azules, son las estrellas del Super Mario 64, los soles del Super Mario Sunshine o las lunas del Super Mario Odissey. Con un pero muy grande. En estos tres juegos, cuando tu entrabas al mundo de turno, recibías un mensaje que te daba una pista de como conseguir dicha estrella/sol/luna. Aquí no, aquí el mensaje lo recibes cuando pulsas el botón, y ya es más fácil seguir el recorrido que realmente deducir nada.
Los paneles es la parte más fácil, ya que en el mapa si que ves cuantos hay en cada circuito, es partirte los cuernos en una zona relativamente cerrada hasta que los marcas todos. Pero los medallones, ay los medallones. 200. Repartidos por todo el mundo. Escondidos en los rincones más insospechados. Con rutas loquísimas para llegar a ellos. Y sin ninguna forma de poder llevar control de cuales tienes y cuales no. Ya que el sticker que te dan al conseguirlo, es aleatorio, al contrario que con los botones o los paneles. Yo, incluso llevando la cuenta con un mapa interactivo, cometí el error de marcar dos como realizados por error, y ahora no tengo narices de saber cuales son los que me faltan (y obviamente no voy a repetir la jugada de hacerme las 200 de nuevo).

Y esto es lo que resulta una pena. Porque de verdad que las sensaciones que tienes, cuando realmente comprendes lo que te propone el «World» de Mario Kart World está al nivel de cualquier juego tridimensional del fontanero. Mismos retos, pero ahora en coche. La pena es que el contenido es tan abrumador, que sin una forma de llevar control de qué tienes y que no, se convierte demasiado a un «piérdete por ahí» y a mi eso me suena a trampa para alargar artificialmente la vida del título (innecesaria por otra parte, porque como digo, solo con el contenido single player yo he pasado casi 80 horas recorriendo sus pistas). Y es que además estoy seguro de que en un parche posterior pondrán algo para solucionarlo, solo que no quieren ponerlo tan sencillo de entrada.
Como digo, una auténtica pena, porque anoche iba ilusionadísimo a terminar mis 200 medallones. Y oye, ya que me ponía, por qué no seguir haciendo cosas hasta llegar a las 1056 pegatinas que me faltaban, pero creo que de momento no va a ser algo que vaya a suceder, y todo simplemente por no gestionar un poquito mejor la calidad de vida del juego (algo que adelantaba al inicio de este artículo). ¿Es por ello Mario Kart World un juego peor? Para nada, la diversión está ahí. Aunque me hayan faltado dos cochinas monedas me lo he pasado como un enano, y lo he hecho jugando en mi salón, en la cama, en el váter. Sólo o jugando con mi hija. No señor, Mario Kart World me ha ofrecido el mejor viaje de la saga hasta ahora. Y eso no me lo quita nadie, a pesar del sabor agridulce de anoche al sacar el cartucho de la máquina…




