Seguimos por nuestro periplo repasando toda la saga de imagen real del erizo azul de SEGA, con hija mayor colgada del brazo. Y tras pasar por las dos primeras entregas en forma de largometraje, nos ha tocado hacer un alto en el camino para desviarnos momentáneamente en el camino a Reno para acompañar a Knuckles y Wade en un viaje de descubrimiento personal, que bueno, no aporta gran cosa pero tampoco se hace bola (pun intended).
Tras los acontecimientos de Sonic 2, Knuckles el Equidna, está tratando de acostumbrarse a su nueva vida junto a Sonic, Tails y los Wachowski. Una tarea que puede parecer complicada teniendo en cuenta que el personaje está escrito de la misma forma que Drax, el destructor, de las películas de Guardianes de la Galaxia. Ambas son criaturas literales, donde la incapacidad para leer lo más mínimo entre líneas los convierten en un chiste andante con sólo interactuar con el resto de personajes.
Decía Leslie Nielsen que el humor de los «Z/A/Z» (Zucker, Abrahams y Zucker) funcionaba tan maravillosamente en películas como Top Secret!, The Naked Gun o Hot Shots porque se trataba de estupideces como pianos, interpretadas por actores serios diciéndolo todo de forma muy trascendental. Es por lo que Drax es divertido, y es por lo que Idris Elba detrás de la piel virtual del Equidna rojo resulta hilarante.

Autopista al infierno… de los bolos
Doy un dato adicional para marcar un poco también el nivel de exigencia de esta reflexión (para nada objetiva). La serie la hemos visto un capítulo al día, a la vuelta del cole, sentados en la alfombra, merendando bocatas de paté. Que luego hablamos de que si noequé de la nocilla y los dibujitos animados de los 80. Same vibes… Vuelvo a repetirme, pero va a ser la tónica general cuando mi hija ande por en medio, es ella lo ha disfrutado muchísimo y deseaba volver del cole para sentarse conmigo a verla.
Realmente la serie para nosotros, adultos, seguidores o no de la serie de videojuegos; tampoco aporta nada del otro jueves. Me lo he pasado bien viéndola. Pero tampoco hubiera ocurrido nada si Knuckles no existiera. Escuece un poco quizás, que el verdadero protagonista de la serie no sea el equidna, si no el ayudante del sheriff: Wade. Por una discusión con su antiguo equipo de bolos emprenderá un viaje desde Montana hasta Reno, en el estado de Nevada; con el objetivo de ganar un torneo nacional del deporte favorito de Homer Simpson.
Por el camino se reencontrará con su familia y tendrá el viaje de descubrimiento personal antes mencionado, que le llevará a enfrentarse a su padre ausente. Knuckles por su parte, le acompañará como mentor, mientras se enfrenta repetidamente a un par de agentes de GUN que quieren hacerse con él para venderlo a un antiguo ayudante de Robotnik que quiere su poder para hacer funcionar sus máquinas. Road movie, buddy movie… No hay nada más que ver, por favor circulen.

El espíritu del guerrero…
Puede ser que Wade sea relativamente cargante (aunque nunca tanto como Jim Carrey haciendo de Robotnik; gran actor, pero mala elección para el papel, ya volveremos en otro análisis sobre esto). Es que es mu tonto. De faltarle una patatita para el kilo. Aún así, como todos los grandes tontos, es entrañable. Porque puedes no ser el lápiz más afilado del estuche, pero si lo compensas con un corazón de oro y la valentía de ayudar a tus amigos, serás un gran guerrero…
O eso dice el equidna. La verdad es que pese a ser la trama secundaria de la serie, ésta es la que más brilla, pero únicamente cuando Knuckles entra en escena. No sólo porque es divertido. Es que para ser una serie de televisión, el jodío está mu bien hecho. Las escenas de acción están al nivel de las de sus películas hermanas de gran presupuesto. El ojo entrenado podrá percibir donde están los recortes, porque nadie da duros a pesetas, pero a «nivel usuario» la serie visualmente da el do de pecho y cumple.
Se que esto ya a estas alturas no debería sorprender, los efectos visuales se han abaratado tanto que las series ofrecen un nivel base de calidad impensable años atrás. Aún así es de recibo destacar el trabajo bien hecho, que no cuesta nada. Hay veces que podría estar escribiendo horas sobre algo que me ha tocado la fibra bien hondo. Lamentablemente no es el caso de Knuckles. Le estoy agradecido, porque me ha proporcionado sus buenas seis horas de diversión con mi hija, pero es cierto que es algo que podríamos haber conseguido con otro producto de entretenimiento. Aún así, me gusta ser justo y creo que en este pedacito de reflexión he podido arrojar algo de luz sobre las bondades de la serie y, quizás, ahí pueda haber algo que te interese…




